¿Quieres estar conmigo? (Corregido y aumentado)
ACLARACIÓN PREVIA: La versión original de este post tuvo que ser cambiada porque la opinión de mis asiduos lectores me hizo entrar en razón. Ahí les va.
Pensé que la noche iba a ser más tranquila, pero no. Mi pequeña amiga, de tan solo 20 años, me soltó el dardo: “Si un chico te besa, ¿significa que ya estás?”. Mmm… hice un rápido recuento de mis vivencias, vericuetos sentimentales y sobremesas femeninas, y contesté: “No necesariamente”. Luego le di una larga explicación que ni yo misma me creí, y así acabó el día.
Al día siguiente, meditando sobre el tema, recordé que hace unos años el santo y seña para empezar una relación no era precisamente un beso… era la frase: “¿Quieres estar conmigo?”. Tras el sí, recién venía el beso. No sé en qué momento de la vida (al menos en mi país) el uso de ese código se perdió. De pronto, los chicos empezaron a saltárselo, y de frente pasaron al beso… y con el tiempo, hasta el beso perdió su sentido. Todo se trastocó, todo se derrumbó, como diría la canción, y ahora resulta que hasta hay que preguntarle al chico/a si estamos o no. Por si acaso, ¿no?, vaya a ser que al día siguiente ni me recuerde porque, al fin y al cabo, solo fue un beso.
Confieso que nunca me ha tocado vivir ese tipo de confusiones pese a que nadie me ha hecho nunca la famosa preguntita. Los chicos con los que he estado han sido tan transparentes con sus intenciones que ni falta hizo. Creo que con esta última frase he llegado al primer quid del asunto: nos hemos vuelto tan cobardes a la hora de expresar nuestros sentimientos y propósitos, que todo queda ahí, navegando en el cielo gris… y claro, al día siguiente, amanecemos pensando: “¿estoy con enamorado/a o no?” “¿Qué fue lo de ayer?” “¿Será o no será?”. Y luego, tanto él como ella, tienen que pasar por el roche de tener que preguntar cómo es la nuez.
El otro quid tiene una carga más negativa: pienso que la duda radica también en la clase de persona con la que hemos estado saliendo, ya sea chico o chica. O sea: si fuera alguien serio/a, lo más seguro o probable es que no haya dudas, o quizás solo mínimas. Pero si, en cambio, el/la susodicho/a fue una fichita… ¿qué se puede esperar? Cualquier cosa.
¿Dónde quedó, queridos lectores, la dignidad? No me voy a dar golpes al pecho, porque a mí también me ha tocado vivir aquello del beso sin futuro, y entiendo muy bien que nuestro cuerpo no está hecho de metal ni de madera. Pero para haber llegado a este punto (al punto de salir y entregarnos a alguien que no pretende de nosotros más que pasar un buen rato), creo que hemos fallado en ceder demasiado espacio al sentimiento. Hemos liberado las alas de la bendita sensibilidad y encerrado a la razón en el cuarto de limpieza. Ojo, tampoco estoy pidiendo impresión de partes a la semana siguiente, pero sí que aprendamos a querernos un poco más, y esto se aplica para ambos casos. A nadie le gusta ni vivir en incertidumbre ni sentirse utilizado. Entonces… dejémonos de cosas. Que las chicas despierten y empiecen a entender que no todo tienen que hacerlo ellos… que los chicos dejen el orgullo de lado y se lancen a la piscina… total, de todas maneras habrá ganancia, porque siempre la verdad saltará a la luz y, como dijo Jesús, “la verdad os hará libres”.
No sé si algún día los chicos (o las chicas… ¿por qué no?) vuelvan a utilizar como frase clave antes de empezar una relación el “¿quieres estar conmigo?”, pero sí estoy segura de que si empezamos a cuidar más nuestro corazón, este latirá eternamente agradecido con nuestra madura decisión… y el próximo beso significará, sin duda, que alguien especial espera por nuestro sí.
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- Agosto 13, 2007 / 5:46 am
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