El primero en mi diario
La playa: el mar, el sol y la arena… el mejor lugar para mirar el cielo, llenarse de vida los pulmones y gozar de alegres tertulias.
El último fin de semana, estuve algunas horas allí con mis amigas. Uno de los temas que tumbamos sobre la arena fue el primer amor. Todo se desató cuando empecé a contar la instructiva charla que sostuve hace unos días con mi ex, el Colorao, quien ahora vive enamorado de su primera chica. Me soltó una perorata acerca de cuánto marca a un hombre el primer amor, al punto de que ya no puede volver a enamorarse nunca más. Cuando se lo conté a mis amigas, una dijo: “No solo a los hombres, a nosotras también nos pasa lo mismo… por lo menos a algunas”. Uuuy… se venía una buena.
Luego de algunas reflexiones acerca del tema, pensé: “Y yo… ¿he tenido un amor así? Mmm, creo que no”. E inmediatamente lo recordé a él, a Paco. No puedo decir que fue el amor de mi vida, ni mucho menos, pero sin duda es uno de los mejores recuerdos de mi pubertad.
Cuando lo conocí, yo tenía 12 años. Era una niña gorda y fea. No salía de mi casa más que para ir al colegio y la bodega. Estudiaba en Salcantay. Él tenía 13 años, era un niño guapísimo, recién se había mudado al barrio, se había hecho amigo de todos y estudiaba en el San Agustín. Jamás olvidaré el día en que lo vi por primera vez. Yo estaba en mi cuarto, cuya ventana daba a la calle… él estaba, para variar, en la pista, gritando y vociferando frases inentendibles. Madre mía. Qué lindo chico. Qué lindos ojos. Pasu. En los días siguientes, lo seguí viendo desde mi ventana. Cierta tarde, uno de los primos que vivían en mi casa se lo encontró en una combi. Le conversó, me mencionó. Qué roche… pero ya estaba hecho. Desde ese día, Paco pasaba por mi casa y me plantaba una sonrisa tan avasalladora, que empecé a buscar cualquier excusa para asomar mi cabeza por la puerta.
Cabe destacar también que fue el único chico al que le dediqué dos diarios completos. Todavía los guardo en mi mesita de noche. Y debo mencionar también que nunca pasamos del intercambio de sonrisas, por lo cual lo más propio es decir que fue el amor platónico que más tiempo estuvo en mi corazón. Qué historias no habré “vivido” con él; para mí cualquier mínimo contacto era el capítulo de una novela de Televisa. Recuerdo que cuando se robaron la radio de mi carro, él tocó la puerta de mi casa para avisar. Y cómo olvidar cuando se acercó a mi jardín para pedir que le regalemos un poco de agua de la manguera. Uf… suficiente como para no dormir, dedicarle mi casette de Menudo completo y pegar stickers con su nombre en mi closet.
Por supuesto, mis primos hacían escarnio de mi idílico estado. Una noche, mientras estudiaba chanconamente en mi cuarto, tiraron una piedra por la ventana. Luego otra… y, después, la explicación: ¡Paco había querido llamar mi atención! Estaba tan emocionada que no dudé ni un minuto de la veracidad de la historia. Horas más tarde, se apiadaron de mí y me contaron que habían sido ellos… mil pedazos de mi corazón rodaron por toda la habitación, aunque no tantos como los que salieron disparados cuando lo vi besar a otra chica. Para ese entonces, yo ya tenía 14 y él, 15. Ya estaba en el colegio militar, ya había aprendido a manejar con el auto blanco del señor de mi cuadra, ya fumaba sin toser… y sabía lo que era un chape, sobre todo con “la amiga de todos” del barrio.
En efecto, con el correr del tiempo, el niño lindo que andaba con su uniforme azul del San Agustín y su camiseta de Alianza Lima -a él debo mi amor por la blanquiazul-, empezó a convertirse en todo menos en un adolescente tierno contando las últimas monedas que en el bolsillo le quedaban. Guapo como él solo, eso sí… pero dado a la droga y cada vez más cerca del lado oscuro de la fuerza.
Así, las páginas de mi diario dedicadas a él fueron disminuyendo poco a poco. Además, con algunos kilos menos y la timidez en el cajón, conocí a otros chicos del barrio; un poco más decentes, gracias a Dios. Uno de ellos, Luchito, me dio el primer beso… ya le dedicaré a él un post especial. Ahora solo quería estampar un brevísimo resumen de mi historia con Paco, el chico de los ojos lindos que fue, durante mi pubertad, el príncipe azul de mis más pastrulos sueños.
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- Enero 23, 2008 / 4:00 am
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