Be my Valentine
Cuando era niña, los viernes por la tarde solíamos ir con mi mamá a recoger de la oficina a mi papá . En cierta ocasión, me quedé en el auto esperando solita. Vi pasar muchas parejas: ella, con una flor y un globo en la mano; él, con la lonchera -que asumo era de ella- colgando del brazo. Pensé: “ah, hoy debe ser lo que llaman ‘el día de los enamorados’… algún día seré una chica trabajadora como ellas y mi enamorado vendrá a verme con una rosa”. Era aún muy pequeña de edad, pero ya veía Candy y tenía perfecta noción de lo que debía sentirse en ese día tan “especial”.
Pasó el tiempo y, a los 17, tuve mi primer enamorado. Estuvimos 3 años. No pasé con él ni el primer, ni el segundo, ni el tercer 14 de febrero (él vivía en Piura y yo venía a Lima durante el verano). Todavía no era una chica trabajadora así que había tiempo para cumplir el sueño de la inocente niñez. Luego, estuve con otro chico, durante año y medio. La misma cantaleta: él en Piura y yo, en Lima. Cuando terminé la universidad, pasé algunos años sola y, para ser sincera, no recuerdo haber sentido ninguna frustración por los San Valentín perdidos.
Finalmente, mi día llegó. Un 6 de febrero, cierto fulano cuyo apodo ya ha sido publicado en este blog, me confesó su “cariño especial” (así le llaman ahora al pre enamoramiento) por messenger -el medio donde los roches se pierden y la lengua adquiere dimensiones inimaginables-. ¡Bingo! Ocho días después, por fin andaría por las calles con mi rosa y mi globo -alto: no lo acepté para cumplir el estúpido sueño, fue purita casualidad-.
Esa noche, yo estaba en una reunión. Él fue a recogerme, me llevó un regalo -nada de rositas ni de globitos, bua… me llevó chocolates, digno de la originalidad de un ingeniero- y me sentí, a pesar de mi sarcástico comentario, demasiado orgullosa al ver que todas mis amigas suspiraban diciendo: ”¡Aaaaaay, qué liiiiiiindo!”.
Por supuesto, yo también hice lo propio. Me fui a una tienda donde elaboran artículos personalizados y le compré una jirafa de peluche, de cuyo cuello colgaba un cartel de maderita que decía: “Te quiero”. Cuando lo vio, se rió a carcajadas y dijo: “Esteee… es el primer peluche que me regalan en la vida”. Hoy mi pobre jirafita debe estar durmiendo en la cama de su sobrina o de algún niño pobre al que se la regaló por Navidad.
En fin, fue debut y despedida. Esa noche hubo tanta gente en la calle, los taxis cobraban tan caro y los restaurantes estaban tan repletos, que comprendí que la ilusión del 14 de febrero, para sobrevivir, debe llevarse solo en el corazón y celebrarse, si cabe, un par de días después. Además, agradecí a Dios que el fulano no hubiera cumplido mi sueño pues, de lo histérica que estaba -las multitudes me impacientan-, era capaz de agarrar a globazos a la próxima persona que chocara contra nosotros en la barranquina Posada del Ángel.
Este 14, el cual pasaré sola y en paz una vez más, espero recibir de alguna buena persona una rosa y un globo en forma de un lindo cumplido, como el que me dirigió un señor hace unos días, cuando salía toda apurada de mi oficina: “Parece que se abrió el cielo, porque los ángeles están cayendo”. Ja, realmente, me encantó. ¿Alguien se anima? Lanzo el reto de escribir un piropo realmente creativo, con el compromiso de asumir que “entre tú y yo, no hay nada personal”. Y prometo no usar la virtualidad de internet para agarrarlo a globazos si no me gusta, je ;)
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- Publicado:
- Febrero 12, 2008 / 10:55 pm
- Categoría:
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