El Príncipe Sapo

20060316172808-spo

H tiene en su auto, colgando del espejo retrovisor, un pequeño sapo de peluche. Hace unos días, en una tertulia de chicas amenizada por el riquísimo -y potente- whisky sour de Patagonia, dejó muy en claro que ella no estaba dispuesta a conformarse con cualquier chico. No, no y no. Ella quería un príncipe, aunque fuera sapo.  

- Pero, H, estamos en tiempos de crisis… ¡y la crisis ha explotado incluso sobre la calidad de los hombres de hoy! Ya no podemos ser selectivas… chapa el que tiene menos yaya y quédate en paz…

Con su vaso en la mano y meneando la cabeza, H soltó un rollo que todas apuntamos, sigilosamente, en una servilleta de papel: “Nosotras, chicas, somos únicas e irrepetibles… yo soy única  e irrepetible, nadie hace las cosas tan bien como yo, ni tan mal como yo… por eso, merezco un hombre que me quiera según mi diginidad, no un cualquiera que aparezca por allí… como dice la canción, yo no me doy por vencidoooo (…)”. En ese momento, todas rompimos a reír. La solemnidad del discurso antropológico se quebró cuando el alcohol del whisky sour tiñó las cuerdas vocales de H… como fuera, la charla-canción nos persuadió y nos creó la interrogante acerca de lo que esperábamos de nuestro príncipe azul.

A decir verdad, me costó un poco traer el tema a mi imaginario actual. Hace poco más de un año, en Isla para dos, escribí acerca de las buenas vibras infundidas, en este sentido, por mi querido Toni. Pero mucha sangre ha corrido ya y llegó el momento en el que, querrámoslo o no, hay que madurar. ”¿Príncipe azul? Eso no existe”, pasé  mucho tiempo repitiéndome. Hoy, luego de darle algunas vueltas al asunto, sigo pensando que no… que lo que realmente hay se llama “Príncipe Sapo”.

Consciente de las diferencias entre las millones de mujeres que viven en el mundo, creo que más o menos la mayoría tenemos las mismas expectativas respecto de nuestro príncipe azul

- Guapo

- Emprendedor

- Atento

- Galante

- Varonil

- Generoso

- Limpio

- Respetuoso

- Sacrificado

- Cariñoso

- Que nos levante cada mañana con un beso

- Que nos sorprenda en cada aniversario

- Que sea paciente cuando estamos de mal humor

- Que se levante en la madrugada a cambiar pañales

- Que valore nuestros sacrificios

- Que reconozca nuestro esfuerzo por darle todo a él y a nuestra familia…

(Mmm, creo que exageré, pero la idea es esa).

En cambio, ¿qué nos encontramos en la real life? (consulte la cartelera de cada mujer para comprobarlo):

- Hombres con belleza interna escondida detrás de la panza o de una barba mal afeitada.

- Flojones (es que están cansados, pues, trabajan mucho…)

- Se ha olvidado por completo la costumbre de abrir la puerta del auto a la chica… y cuando nos dejan en la casa, arrancan sin que una haya entrado.

- La galantería se ha reducido a pagar la cuenta mostrando la tarjeta más dorada posible (¡como si a una le importara a billetera, ja!)

- El hombre de ahora es generoso y entregado mientras ello no colisione con sus intereses propios (por ejemplo, su estómago, su trabajo, su MBA y sus noches de copas).

- Si envían rosas, lo hacen a través del msn, con un emoticon de risa tonta…

- Dejan la ilusión para los primeros días… luego, vuelven a su pantano habitual.

- ¿Aniversario? ¿Detalles? Cosa de mujeres…

- Si llaman durante el día, es para recordarnos que debemos lavar su camisa celeste de rayitas TOMMY para el día siguiente…

- Etc., etc.,… (la lista es interminable)

De este modo, comprobamos que es tarea titánica, odiseica, casi antiecológica, encontrar al hombre de nuestros sueños hoy en día. Sin embargo… ¿nos hemos pregutando por qué? Porque la vida sería demasiado aburrida, mustia, sosa, si nos encontramos cada mañana con un Ken a nuestro lado. Ken se creó para Barbie… ¿somos nosotras una Barbie? De ninguna manera, y gracias a Dios esto es así… gracias a Dios, como dice H, somos únicas e irrepetibles, y cada una, en su individualidad y exclusividad, tiene en el mundo no un príncipe azul sino un Príncipe Sapo, aquel hombre capaz de elegirnos por lo que somos, por el bien que le podemos hacer, por el amor con que nos puede corresponder.

En líneas generales, el Príncipe Sapo sería:

1. Aquel que nos valora por nuestra esencia. Ni por nuestro éxitos, ni por nuestros fracasos… porque somos lo que somos, y punto.  

2. Aquel que es capaz de hacernos sentir amadas según como cada una se siente amada: para alguna, que le regalen un plátano puede ser el acto menos significativo de la tierra… a otra, le puede arrancar una lágrima.

3. Aquel que, desde un comienzo, muestra coherencia en su actuar. Si es un tosco, un bruto o un Shrek, que lo sea siempre, pues así es como nos enamoramos de él.

Todo esto, por supuesto, tiene sus grises y sus matices. Por ejemplo, ¿qué papel jugamos nosotras aquí? El de la princesa que, con madurez, sabe separar lo esencial de lo accidental; comprende que los hombres no pueden atender dos cosas a la vez -por tanto, no exige atención como mimo-; respeta los espacios vitales de cada uno; corresponde al cariño del sapo con creces, siendo consciente de que tiene, como mujer, mayor capacidad de entrega…

Parece arduo, pero no lo es. Todo es cuestión de borrarse prejuicios, abrir la mente y “abrazar la vida, de verdad sentirla” (Luis Fonsi). Y para irlo invocando, comprar un sapo de peluche y colgarlo en el espejo retrovisor del auto (no sé si darle un besito para darle vida, pero nada se pierde intentando).

AQUÍ VA “YO NO ME DOY POR VENCIDO”… QUISE PEGAR EL VIDEO QUE CON MIS PROPIAS MANITOS GRABÉ, DEL CONCIERTO DE LUIS FONSI EN LIMA, PERO LA TECNOLOGÍA Y YO NO NOS LLEVAMOS BIEN…

Y ESTO ES, ABRAZAR LA VIDA (ESTA SÍ ES DEL CONCIERTO DE LIMA, POR ESO LA CALIDAD NO ES TAN BUENA:

 

Y ESTE ES EL GRUPETE DE LAS QUE FUIMOS A DEJAR LA LÁGRIMA EN EL CONCIERTO DE LUIS FONSI… JE…

nuevas fotos 027


About this entry