Mi hija, la fan

Seguro que de niña tuve muchos apegos tipo la muñeca Chicho Bello, la Abeja Maya y Candy. Pero con menos de un año de edad, no solo no lo recuerdo sino que las fotos no muestran ningún tipo de evidencia.

Cristina, en cambio, tiene un claro, marcado y exultante cuasi fanatismo por La Gallina Pintadita. ¿Quién es? Un personaje creado en Brasil que tiene tanto éxito como Barney en ese país y en las mamás caletas que llegamos a ella de manera inesperada, como yo. Cris tenía un mes, estábamos en mi cuarto y me dije: “¿Será que ya le tengo que poner vídeos infantiles?”. Busqué en You Tube y encontré “Mi pollito amarillito”. Con solo un mesecito, ella no le hacía mucho caso pero para arrullarla, portearla y etc. se convirtió en mi canción bandera. 

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Con el tiempo, se aficionó a más vídeos, todos de You Tube, de ese personaje (el pollito es solo uno de tantos). Ya vamos por el cuarto dvd -no comprado, lamentablemente, porque no se adquiere en Perú ni por internet-, y ella literalmente delira cada vez que ve una imagen, escucha una canción o siquiera una palabra que tenga que ver con sus ídolos de moda bebé 2013-2014.

Por eso, cuando conocí a Fátima Rodríguez, en uno de los tantos showrooms a los que suelo ir, pensé: “¡Eureka!”. Fátima hace cositas súper personalizadas, y sobre todo… ¡económicas! Emocionante, muy emocionante. Conversamos, la contacté por FB y le encargué un pijama con los dibujos de La Gallina Pintadita. Ella se dio la chamba de buscar los mejores, y el resultado fue excelente.

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Luego no resistí la tentación y le pedí que le haga unas sábanas… y otro pijama… y una bolsa de tela para guardar sus medias. Ya no sé si la fanática soy yo o mi hija, el tema es que ver su carita de “¡ooooh!” y su movimiento inquieto de brazos que denotan felicidad, es algo que me puede, me gana, me absorbe. 

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Y pensar que tuve mi primera pijama de fan a los 12… de los New Kids on the Block, jaja…

Hacia el Chiclayo va la burra rin rin

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Ya han pasado 3 días desde que nació el Niño Jesús. Seguro que a María ya le sale lechecita… ¡qué bien! Un Niño Dios y nutrido, vale por tres, je. No creo que por esos días se celebrara el Año Nuevo, pero de hecho la Virgen y San José ya habrían hecho planes para su año nuevo delante de su hermosa criaturita. “José, volveremos a casa y mejoraremos su cunita”, “María, voy a ir al mercado para comprar bastante avena, seguro que así estarán los dos bien alimentados”. Pero luego… reseteo. No había Fb, Whatsapp ni Line, así que Dios envió a un ángel (¡ey! hasta ahora lo hace, cada uno tiene el suyo, pero hay que estar calladitos para oírlo, je), para avisarle que NOOO, PELIGRO, SOS… Herodes está cometiendo fechorías horrorosas y va a matar al Bebé. A huir a Egipto.

 

¿Y todos los planes? Nada, nada, a huir. “Pero… toda nuestra vida, familia, nuestras cosas están en Nazaret…”. Lo más importante era la vida del Niño –tanto así que todos los peques que murieron fueron mártires– y Dios quiso que las cosas sucedieran así por algo mejor. Entonces, ni modo… ya por estos días, no hay Máncora ni Europa para Jesucito, su Mamá y su papi José. Hay miedo, prisa, pero sobre todo, confianza en que todo saldrá bien.

Cuando hago mis planes para el 2014, me ayuda imaginar esta escena. No para “unirme” a la huida, que eso no me pide Papá Dios, sino para hacerme propósitos pensando en los demás. Primero, mi marido; luego, mi hija, y después, mi familia de sangre, mis amigos… cuando una es esposa y mamá, aunque hay que cuidarse la salud física y emocional, en verdad es mejor olvidarse de una misma y, si crees que hay un Papá en el cielo, rezar… porque ya no se vive para una, se vive para los que dependen de ti (¡no me van a negar que el marido es el hijo más pequeño!) y se necesita fortaleza que, en lo personal, me llega de Arriba 😉 

Debo confesar que quizás todo esto es muy bonito, pero sinceramente, cuesta. Hay que sacar tiempo para esa “fortaleza de Arriba” y muchas veces no lo hay. Antes de salir de vacaciones, tuve unos días en los cuales me sentí pésima y mi segundo ángel fue mi marido. Cada noche, cuando empezaban mis quejas y telenovelas, se inventaba un chiste o cualquier sonsera que me hiciera reír y el drama moría. Pero eso no fue todo… justo esta semana, ad portas de un corto viaje que haremos a Chiclayo, Raúl se enfermó. Gripe de ··%&”. Y me contagié. ··$%&/. Y Cristina… ¡aún vive, jaja! (¡felizmente!). Tuve la tentación de volver al drama… pero ¡¡¡no!!! El Niño Dios ha nacido en Belén 😀 y ha cuidado de mi pequeña. Le trajo, en Navidad, el mejor regalo: una familia que la ama con locura y a nosotros, ufff, todo el cariño del mundo. No es justo para el recién nacido que desprecie sus regalos, así que nos vamos con tos, flema, estornudos y mucha felicidad. Hacia Chiclayo va la burra rin rin, yo me remendaba, yo me remendé, yo me eché un remiendo, yo me lo quité… para disfrutar en familia no de un descanso dormilón, sino de un descanso reparador para cumplir, con algo de respiro, todas nuestras metas (¡y sorpresas Divinas!) del 2014.

13 cosas que nunca debes decir a una mamá que trabaja

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El otro día una amiga compartió este post, de la página proudworkingmom.com. Me maté de la risa. Estaba en inglés y lo traduje un tanto sazonado, para que se entienda el sarcasmillo de las respuestas de la autora. Ojo, no soy yo. Sí, muchas personas hacen esos comentarios en buena onda, pero el estar lejos de los hijos -más aún cuando son bebés- es un tema sensible y hay que tener cuidado con lo que decimos. A mí solo me han dicho que me veo cansada y “que descanse el fin de semana”. Plop… no me molesté porque fue en plan preocupación, un amigo que aún no conoce la paternidad… je, je, je… ahí va la traducción del post:

“Vi a tu hija en el pase de la escuela hoy. Estaba llorando, creo que te extraña”. Gracias, me siento mucho mejor con esa información. Algo más que me quieras decir, por ejemplo, cómo no estaré en sus momentos importantes y el daño emocional que le haré de por vida?

 “No dejaría que nadie más críe a mis hijos”. Yo, en cambio, dejo que otros tomen todas las decisiones sobre sus vidas. No me involucro para nada en sus cumpleaños, sus logros, sus tareas, sus cortes de pelo, lo que comen, sus medicinas, sus amigos ni menos aún les enseño lecciones valiosas. Por supuesto, no los abrazo ni los beso, me olvido de bañarlos, acostarlos, ser la primera persona a la que ven cuando se despiertan por la mañana, ponerles su música preferida en el auto, cantarles o conversar sobre sus cosas. No, no me meto para nada en la vida de mis hijos. 

“No sé cómo lo haces, me sentiría tan culpable”. Las mamás sí que nos sentimos culpables, pero también podemos sentirnos orgullosas de lo que hacemos.

“Confías en tu niñera, ¿cierto?”. Oh, la verdad es que nunca consideré pedirle sus documentos. Simplemente puse un aviso en el periódico y tomé a la primera que respondió. ¡Gracias por abrirme los ojos! 

“¡Qué bueno que hayas puesto primero tu carrera!”. Pues sí, cada mañana me levanto y pienso: lo más importante en mi vida es mi carrera. Mi familia está en segundo plano, no se compara con con mi trabajo.

 “Qué suerte tienes de trabajar, daría lo que fuera por no estar con mis hijos un día entero”. Si realmente lo piensas, envíame tu cv y te ayudo. Pero recuerda, esta “libertad” no es completa… no salimos de casa para ir al spa. Por algo se lama “trabajo”.

“Extrañaría a mi hijo tanto que no podría estar lejos de él todo el día”. Bueno, no tengo idea de lo que me dices porque no tengo sentimientos de maternidad, ni siquiera beso a mis hijos. 

“No sé cómo lo haces, debe ser muy duro”. Lo es. No sé cómo lo hago. Pero no creo que el problema sea el trabajo, porque la paternidad es dura trabajes o no. Es algo hermoso, que nos llena el alma, pero muy difícil.

 “Debes ser bien organizada para lograr un balance en todo”. Sé que soy organizada y que logro varias cosas durante la semana. Pero también sé que tengo huecos en mis pantys, nunca escribo tarjetas de agradecimiento por los regalos de mis hijos… no hago ejercicio y TODOS los días algo sucede… no hay un balance, hay un caos organizado.

“Te ves cansada”. ¡Guau, gracias! ¡Me siento mejor ahora! ¿Quisieras cuidar a mis hijos el fin de semana para ir al spa, hacerme la manicure y dormir? ¿No? Entonces nunca le digas eso a una mamá que trabaja.

“Siempre hay tiempo de trabajar en el futuro, los primeros años son tan preciosos”. La verdad es que yo paso momentos espectaculares con mis hijos. Cuando Parker sube a mi cama y me dice que soy la mejor mamá, o Emily sonríe y dice “te quiero”, sí que vivo momentos preciosos y los disfruto.

“¿No te preocupa no estar ahí para tus hijos?”. Solo porque trabajo no significa que no esté ahí para mis hijos. Por favor, algo de perspectiva…

 “Me sorprende que hayas vuelto al trabajo. Tu esposo debe sentirse afortunado”. ¿Por qué asumir que se sabe el porqué una vuelve? Quizás sea por simple gusto…

Bueno, sin entrar en susceptibilidades, no metan la pata, pues. Y nunca me digan que me veo cansada, ya bastante tengo con dormirme en cada esquina de mi oficina… más bien un par de botellitas de Supradyn delivery a la casa me caerían a pelo, je. ¡Y a Raúl, una refrigeradora llena de Coca Cola, por favor!”. 

13 cosas que nunca debes decir a una mamá que trabaja

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El otro día una amiga compartió este post, de la página proudworkingmom.com. Me maté de la risa. Estaba en inglés y lo traduje un tanto sazonado, para que se entienda el sarcasmillo de las respuestas de la autora. Ojo, no soy yo. Sí, muchas personas hacen esos comentarios en buena onda, pero el estar lejos de los hijos -más aún cuando son bebés- es un tema sensible y hay que tener cuidado con lo que decimos. A mí solo me han dicho que me veo cansada y “que descanse el fin de semana”. Plop… no me molesté porque fue en plan preocupación, un amigo que aún no conoce la paternidad… je, je, je… ahí va la traducción del post:

“Vi a tu hija en el pase de la escuela hoy. Estaba llorando, creo que te extraña”. Gracias, me siento mucho mejor con esa información. Algo más que me quieras decir, por ejemplo, cómo no estaré en sus momentos importantes y el daño emocional que le haré de por vida?

 “No dejaría que nadie más críe a mis hijos”. Yo, en cambio, dejo que otros tomen todas las decisiones sobre sus vidas. No me involucro para nada en sus cumpleaños, sus logros, sus tareas, sus cortes de pelo, lo que comen, sus medicinas, sus amigos ni menos aún les enseño lecciones valiosas. Por supuesto, no los abrazo ni los beso, me olvido de bañarlos, acostarlos, ser la primera persona a la que ven cuando se despiertan por la mañana, ponerles su música preferida en el auto, cantarles o conversar sobre sus cosas. No, no me meto para nada en la vida de mis hijos. 

“No sé cómo lo haces, me sentiría tan culpable”. Las mamás sí que nos sentimos culpables, pero también podemos sentirnos orgullosas de lo que hacemos.

“Confías en tu niñera, ¿cierto?”. Oh, la verdad es que nunca consideré pedirle sus documentos. Simplemente puse un aviso en el periódico y tomé a la primera que respondió. ¡Gracias por abrirme los ojos! 

“¡Qué bueno que hayas puesto primero tu carrera!”. Pues sí, cada mañana me levanto y pienso: lo más importante en mi vida es mi carrera. Mi familia está en segundo plano, no se compara con con mi trabajo.

 “Qué suerte tienes de trabajar, daría lo que fuera por no estar con mis hijos un día entero”. Si realmente lo piensas, envíame tu cv y te ayudo. Pero recuerda, esta “libertad” no es completa… no salimos de casa para ir al spa. Por algo se lama “trabajo”.

“Extrañaría a mi hijo tanto que no podría estar lejos de él todo el día”. Bueno, no tengo idea de lo que me dices porque no tengo sentimientos de maternidad, ni siquiera beso a mis hijos. 

“No sé cómo lo haces, debe ser muy duro”. Lo es. No sé cómo lo hago. Pero no creo que el problema sea el trabajo, porque la paternidad es dura trabajes o no. Es algo hermoso, que nos llena el alma, pero muy difícil.

 “Debes ser bien organizada para lograr un balance en todo”. Sé que soy organizada y que logro varias cosas durante la semana. Pero también sé que tengo huecos en mis pantys, nunca escribo tarjetas de agradecimiento por los regalos de mis hijos… no hago ejercicio y TODOS los días algo sucede… no hay un balance, hay un caos organizado.

“Te ves cansada”. ¡Guau, gracias! ¡Me siento mejor ahora! ¿Quisieras cuidar a mis hijos el fin de semana para ir al spa, hacerme la manicure y dormir? ¿No? Entonces nunca le digas eso a una mamá que trabaja.

“Siempre hay tiempo de trabajar en el futuro, los primeros años son tan preciosos”. La verdad es que yo paso momentos espectaculares con mis hijos. Cuando Parker sube a mi cama y me dice que soy la mejor mamá, o Emily sonríe y dice “te quiero”, sí que vivo momentos preciosos y los disfruto.

“¿No te preocupa no estar ahí para tus hijos?”. Solo porque trabajo no significa que no esté ahí para mis hijos. Por favor, algo de perspectiva…

 “Me sorprende que hayas vuelto al trabajo. Tu esposo debe sentirse afortunado”. ¿Por qué asumir que se sabe el porqué una vuelve? Quizás sea por simple gusto…

Bueno, sin entrar en susceptibilidades, no metan la pata, pues. Y nunca me digan que me veo cansada, ya bastante tengo con dormirme en cada esquina de mi oficina… más bien un par de botellitas de Supradyn delivery a la casa me caerían a pelo, je. ¡Y a Raúl, una refrigeradora llena de Coca Cola, por favor!”. 

Los sueños que nunca se rompieron

Todos los días, no veo las horas de sentarme a postear. Esta vida es más que la caja de bombones que nos contó alguna vez Forrest Gump. Es mejor. Y mi forma de comunicar las emociones, desalientos e impulsos del corazón es esta. Sin embargo, a veces no se puede. La desorganización organizada que supone tener una familia, un hogar ¿armonioso? que mantener, una niña preciosa a la que cuidar… ¡un marido al cual engreír, ellos también lo necesitan!, supone una inversión de tiempo valiosa y celosa a la vez. En fin, aquí vamos de nuevo.

Luego de una enésima crisis por la falta de control del tiempo, decidí relajarme –y dejar de fregar a mi pobre marido-. Las cosas, como deban salir, ya Papá Dios las tiene previstas y solo hay que oír sus recordatorios con timbre celestial –no incluido en el nuevo IOS 7 de Iphone, qué pena-. Pero no lo conseguí del todo, hasta que una buena amiga -¡gracias, Cin!- me habló de los checklists. Cómo olvidar a mi jefe cuando era editora de una web de fútbol, el día en que me olvidé de publicar una ¿noticia? de Paolo Guerrero, su representado. “¡Tienes que hacer un checklist antes de actualizar la web! ¿No sabes lo que es eso?”. La verdad es que siempre lo supe, es muy básico, pero nunca puse en práctica algo tan sencillo como un cuadrito hecho en el Excel que demanda unos minutos de neuronas memoriosas, pero alivia la vida, uf. El tema es que ahora las comidas de Cristina, las de Raúl y mías, los implementos de la pequeña y todo lo que sea checklisteable, anda por ahí pegado en mis paredes. Mi vida ha dado un giro de varios grados y, aunque sé que debo tener cintura para los imprevistos, ya mi cerebro se duerme en las noches agradecido porque no le di mucha lata en el día. 

A propósito de mi renovada vida familiar en Excel, recordé una canción llamada “Sueños rotos”. Cuando Cristina nació, me dediqué a cantarle de todo. Y todo no es todo porque obviamente obvié las porquerías más porqueriosas, pero confieso que sus oiditos se soplaron “La Pituca” y algunos hits musicales inmemorables más. Por supuesto que también incluí en el repertorio alguna cancioncita infantil, y ahora disfruta de muchas más, pero “Sueños rotos” es todavía nuestro momento de drama. “(…) porque habías sido tú mi compañera, porque ya no eres nada, y ya todo está de más”. Antes de volver a trabajar, lloraba solita pensando en que mi Titi ya no sería mi compañera, que me perdería sus mejores momentos y que poco se acordaría de mamá Majo. No fue así.

Creo que haber vuelto al trabajo, hace poco más de dos meses, fue una cosa de Dios. Regresé justamente cuando necesitaban creatividad en la empresa… y yo estaba ahí para dársela. Webs, folletos, videos… todo aquello que me permite seguir manteniendo, junto con mi Raúl, la economía de la familia, y volver con la adrenalina suficiente como para jugar con mi hija hasta quedar molidas… cocinar, cenar con mi marido, bañar a nuestra pequeña, hacerla dormir, darle su leche, preparar las loncheras del día siguiente… a veces la ansiedad me juega malas pasadas, lo admito, pero ningún sueño se rompió. He sido testigo de cuando mi Cristina se volteó sola, empujándose con sus piernecitas… del primer día -¡hoy!- en que se quedó sentada sola más de un minuto viendo un video en You Tube… de sus primeras comidas –ejem, bueno, le pedí casi llorando al pediatra que me permitiera darle Nestum cuando llegara del trabajo, je-, de la forma como ahora se arrulla y de su sonrisa que dice “mamá, me pican las encías, voy a estirar bien mi boquita para que se vaya esta vaina”.

Los “Sueños Rotos” solo quedaron en canción. En la canción que Cris y yo compartimos como dos viejas que lloran juntas la partida de Alfredo Gabriel, de los brazos de Lucila Adriana, en “Dispuestos a morir por amor”… ante la risa de papá Raúl, porque entiende que dos locas se juntaron, y porque le encanta que su pitusa no haya dejado de ser nunca mi compañera de todo lo que nunca estará de más. 

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Promesa de mujer (y mujercita)

cunaHijita, hoy trajimos a la casa tu súper cuna y tu moisés -no, el señor de las aguas del Nilo que te conté el otro día no, un “moisés” es una cuna pequeña-. ¿Cómo que para qué dos? Eres agarradita como tu papá, je… y la verdad es que tienes razón, si una basta… es que los primeros días o semanas vas a estar cerquita de mí, de modo que pueda darte tu leche rápidamente y además estar atenta a tus movimientos -¿que si te voy a tomar fotos desde tan chiquita? Pues claro, ya sabes que es tu destino-. Tu papá se emocionó mucho al ver tus sabanitas, tu almohadita de colorinches… debes agradecer a tu abuela Anita, a Tina y a tu madrina Guada porque ellas hasta ahora son las que han comprado todo lo que vas a necesitar, ya sabes que tu mamá en estos momentos es tan ágil como un ropero y encima llora y se agobia porque ya se va acercando el día…

Entiendo que me pidas que esté tranquila pero hijita, estamos en la recta final y las emociones vuelan. Ah, tu ángel de la guarda ya te contó y como mujer, comprendes lo que siento… gracias, Cristina, realmente me doy cuenta de que me apoyas y me alegra saber que siempre lo harás. Desde un principio entendiste que te tocó una mamá acelerada, ansiosa, descocada… y aún así, todo este tiempo has sido mi compañera, no solo porque físicamente no te queda otra, je, sino porque cuando lo he necesitado y te lo he pedido, me has apoyado. Te voy a extrañar (dentro de mí). ¡Cuántas cosas hemos vivido juntas, y con tu papá, todo este tiempo! Tus primeros milímetros, las dormitadas en la tarde porque nos moríamos de sueño los primeros meses… el día que fuimos a la clínica cuando pensé que te venías y era solo que ya te empezabas a mover mucho (y gases, je). La tarde en la cual nos saludaste, en tu primera ecografía… y tus ojazos preciosos en la 4D, que fue un fastidio para ti porque estabas dormidita y te despertamos… cada contracción de Braxton en el carro, ¡las veces en que necesitamos baño!

Ya sé, hijita, que me quejo mucho… que me mata el dolor de pierna y que quisiera volver a dormir como Dios manda, pero no cambiaría esa “tranquilidad” por el tiempito que nos queda juntas para acariciarte, darte de comer las proteínas que necesitas, cantar en el auto y llorar juntas ante la incertidumbre del futuro.

Te digo una cosa, que me sopló tu ángel: a Santa Teresa de los Andes le dijo Jesús -sí, ese Hombre bueno que te cuenta todas las noches cómo apoyar a tu mamita- que nada le daba más pena que dudáramos de su amor, desconfiando. Sí, Él es muy bueno para que lo tratemos así… entonces, dile que nos acompañe hasta que nos miremos directamente a los ojos -¡y siempre!-. También a la buena Señora que te arrulla durante el día. Ella es tu Mamá del cielo, ¡imagínate, la Mamá de Jesús es también tuya! Qué suerte, ¿no?. Te prometo tratar de disfrutar de lo que nos queda, tú prométeme que saldrás rapidito, fuerte y sana, y aprenderás a tomar tu leche como una ternerita… como la que te compramos, de peluche, en España, hace más de uño, cuando ya te soñábamos.

Matriaventuras

Me dijeron que mientras más me fijara en mis síntomas/sentimientos, peor la pasaría. Que siguiera con la vida y ya está. He seguido con la vida pero no he olvidado mis síntomas/sentimientos, porque ahí están. Y tampoco puedo ocultarlos o callarlos, pues ya no soy la Majo soltera que habla con su pared. Ahora somos tres.

Tengo la tentación de generalizar, no lo haré. Cada mujer vive su embarazo de manera muy personal. Solo leyendo páginas de internet donde te describen brevemente que los cambios hormonales y bla bla, en un fondo blanco con fotos de bebés y dibujos color verde pastel, te das cuenta de que no eres una extraterrestre. Pero, dentro de tu normalidad, siempre hay algo exclusivo, pienso yo. Después de todo, somos únicos e irrepetibles.

Yo llevo meses sin vivir como lo hacía antes. Cuando la barriga era más pequeña, teóricamente podía moverme y ya, vamos…

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