Corazón en paz armada

Cuando estaba en el colegio estudiando el periodo entre las dos Guerras Mundiales, aprendí el término “paz armada”. Con el tiempo, esa suerte de antítesis me ha servido para describir innumerables situaciones, por lo cual comienzo agradeciendo a mi querida profesora de Historia, Gisela. 

Hecho el cherry, entro en el meollo del asunto: los solteros, por más que nos llenemos la boca diciendo a tutili mundi que estamos tranquilos así, solos; que mejor solos que mal acompañados; que estamos en nuestra etapa de autodescubrimiento y autorrealización y demás verborrea, en realidad tenemos el corazón en paz armada.

Así es. No podemos evitar estar “disponibles”, parar la oreja cuando alguien cuenta que tiene un amigo lindo buscando una chica buena o, por qué negarlo, entrando a websites para conseguir pareja -¿quién no lo ha hecho o lo hace? ¿tú? Si eres soltero, pronto caerás en la tentación-.

Y esto, ¿por qué? ¿Acaso no podemos estarnos quietos así nomás, solitos y sabrositos? Pues, al parecer, no. Por ahí leí que alguien, hablando de su soledad, decía que la disfrutaba demasiado, al punto de que consideraba que para estar con alguien, había que soportarse primero uno a uno mismo. Buen punto pero… me faltó la parte del “(…) para luego ser capaz de querer al otro”. Aquí llego al quid del asunto: el hombre, por naturaleza, ES apertura, ES conocer, ES amar… y, como decía San Agustín, no estará tranquilo hasta que sacie esa sed de amar. Por supuesto, el primero que cumple ese cometido es el Bien Absoluto, Dios (¿existe alguien incapaz de amar el Bien o lo que crea que es el bien?), sin embargo, digamos que por ósmosis, esa entrega (amor) busca ser transmitida a otro -distinto de la familia y los amigos, que será tema de otro post-.

Por tanto, nada de vergüenza de reconocer que tenemos el radar prendido, porque está inscrito en nuestra naturaleza… y, en fin, es una estupidez negar lo innegable. Ahora bien, sí es posible que nos sintamos bien en soledad, que disfrutemos más una película sin tener que soportar -literalmente- el peso del de a lado cuando se acurruca, o no tener que marcar tarjeta desayuno, almuerzo y comida… no obstante, durante ese tiempo y sin querer queriendo, tendremos el corazón alerta, atento, susceptible… quizás con un lindo disfraz de quietud y serenidad, pero, al fin y al cabo, en eso que así nomás no nos atrevemos a admitir: en una auténtica paz armada.

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5 comentarios en “Corazón en paz armada

  1. Mi querida Majo,
    Primero, muchas gracias por tu tiempo ayer.
    Segundo, por experiencia te puedo decir que una de las cosas más difíciles es aprender a estar (y aceptarnos) solos.
    Es demasiado lo que, a estas alturas, se nos exige a personas como nosotras: excelencia profesional, personal, familiar y, por supuesto, tener un novio (o novia) decente y “a nuestra altura”.
    Es una presión que llega de todos lados, que se respira en el aire. ¿Cuántos años tienes? 27 ¡Ya estás mayor! ¿Tienes novio? No. Claro, es que seguramente ningún hombre que conoces es de tu talla, porque una mujer como tú… Un etcétera lleno de excusas y disculpas por habernos hecho sentir perfectas candidatas a la soltería, en un primer momento.
    Tengo amigas que rozan los 30. Algunas, están muy tranquilas. Otras, han empezado a desesperarse y a pretender conseguir novio a como dé lugar. Una actitud peligrosa, que muchas veces nos lleva a enredarnos con hombres extremadamente equivocados.
    Pensar que “ya somos grandes para hacer tonterías” también es un prejuicio inducido por parámetros sociales muy arraigados en nuestro entorno. Algunas personas esperan verme de taquito y una actitud tantito agria, para creer que tengo la edad que tengo. Pero soy un animal cosmopolita y rural, el mundo me ha enseñado a valer por mi cabeza y saber reconocer la forma correcta de hacer las cosas, de acuerdo a las exigencias del caso.
    Estoy bastante pegada a extremos que tú nunca considerarías dentro de los caminos correctos de vida, pero así habemos bichos, colega, y créeme, somos buenísima gente. Creo que Dios me ha bendecido por montones dándome la familia, la educación y los amigos que tengo. También dejándome cometer errores garrafales, que me dolieron en su momento y ahora me dejan ver clarísima la diferencia entre lo bueno y lo malo, y lo que me hace feliz.
    Cada persona tiene un motivo para estar aquí. Yo conozco algunos de los míos. El destino no existe, pero sí las razones de nuestra vida y la responsabilidad. Nos compete trazarnos metas y caminos, ser disciplinados, pero no cerrarnos a los cambios, inconvenientes o distracciones que puedan surgir. ¿Total? Si tenemos claro lo que queremos y lo que nos hace bien, no detendremos el avance, ni descuidaremos lo principal (en mi caso, mi familia).
    Hay veces en que uno realmente quiere estar solo y, créeme, el radar llega a apagarse casi por completo. No se enciende sino hasta que una persona correcta, para toda la vida o para ese momento de tu historia, pasa por tu lado, y ocurre casi sin que te des cuenta.
    Hay cosas que destrozan por completo. Para algunos, nuestro fondo está diez pisos más abajo que para otros. La actitud, luego de la derrota, dependerá de cuán dañados hemos terminado. Así, todo funciona distinto, de acuerdo a cada corazón. Es por eso que es perfectamente válido querer estar solo y es sumamente importante aprender a estarlo.
    Debemos aprender a no necesitar de nadie, a sanar, para poder querer bien y ser felices en nuestras relaciones.
    Yo he llegado a una situación de hartazgo tan grave, que no quise saber nada de ningún hombre por algún tiempo. Era necesario disfrutar de mí y reacomodar mis prioridades. Personalmente, sé que debo tener la cabeza concentrada en una serie de proyectos importantes, que benefician a personas de mi entorno, que amo con todo mi corazón. También sé que un compañero deberá aceptar eso, porque será una responsabilidad de por vida, y ayudarme a asumirlo, o, por lo menos, no estorbar. Si no encuentro a tal persona, entonces me importará un pito que “esté a mi talla”, sea un chico “decente” o pueda cubrir ciertas expectativas maduras, que ya hacen falta a mis 27 añitos.
    No tengo apuro. Dios proveerá y espero que sea alguien que me deje amarle en libertad.
    Un abrazo.

  2. Has dicho muchas cosas ciertas, Angela. No creas que no tolero tus extremos, los respeto, aunque algunas veces no esté de acuerdo.

    Has añadido un final importante al post… el de encontrar la persona indicada para CADA UNO al margen de los parámetros sociales. Cada quien es un mundo y, si alguien quiere compartirlo, tiene que respetarlo tal cual es, con sus propios ríos, mares y hasta cordilleras… y como bien dices, si está escrito, Dios proveerá.

    Me pregunto… ¿qué estará haciendo en estos momentos el hombre de mi vida? ¿nunca te has hecho esa pregunta?

  3. Al menos yo si me he hecho esa pregunta: que estará haciendo la mujer de mi vida…

    Vaya que me he identificado con tu post Majo, creo que yo soy de los que están en paz armada en el aspecto amoroso.

    Si, no niego que estar solo me ha permitido hacer muchas cosas… pero vamos, que al final de cuentas me hace falta esa media naranja para compartir y amar.

    Y creo que se vale, sin tener verguenza, utilizar todos los medios posibles para encontrar a esa persona especial.

    Digo, si para algo como encontrar un buen empleo, uno utiliza agencias de colocación, o bien, uno compra el periódico todos los días y pide a amigos y vecinos que si saben de algo nos lo digan, porqué entonces no hacemos lo mismo a la hora de encontrar pareja…? Digo, se trata de la persona con la que voy a compartir mi vida.

    Saludos

  4. Así es, Keyito. ¡Gracias por la respuesta! Lamentablemente, hay muchas personas que consideran esa “búsqueda” como símbolo de desesperación y terminanos siendo los necesitaditos del barrio, jaja…

    ¡Un abrazo!

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