Cuando nadie me ve

Cuando nadie me ve, puedo ser o no ser… y me siento lonely, lonely, lonely.

Eso es lo que, comúnmente, llamamos la depre. Esa que dura un día… dos… una semana… dos semanas… who cares? Esa que no se puede evitar. Esa que te tumba a la cama cuando no tienes sueño, que te hace sufrir por un amor que no existe, que te encierra en un silencio que solo se termina cuando el llanto pone fin a dicho status quo.

Influye el invierno, por el frío; influye el verano, porque mientras todos van a la playa, tú no tienes con quién ir… influyen las hormonas -menstruación, en términos técnicos-, e influyen las miles de circunstancias que tienen un solo nombre: vida. 

Aguanta… ¿es la vida un factor de depresión? ¿No debería ocurrir lo contrario? ¿Acaso no aprendemos de cada uno de nuestros actos? ¿No es esa razón suficiente para no deprimirnos? Pues sí, pero como un buen hombre me dijo una vez: “Hay razones del corazón que no entiende la razón”. Y pum, caemos. Y pum, no quiero ver a nadie, pero quiero verlos a todos… no quiero salir, pero quiero salir… y me echo a dormir, pero no duermo, solo miro al techo y lamento dejar pasar los minutos de una manera tan inproductiva.

De pronto, un día, todo cambia… pero de a pocos. Del encierro pasamos al mundo… pero solos. La maldita primavera deja de pasar ligera, nos damos un break en la vida laboral para darnos un masajito y vemos una buena película -repito, solos-. ¿Por qué? Porque necesitamos recordar que podemos convivir con nosotros mismos, y que nosotros mismos podemos sernos una buena compañía. Finalmente, volvemos a aceptar la presencia de los otros y a asumir nuestra condición de seres sociales por naturaleza. End of the story, se acabó la depre. Al menos eso dice la teoría.

Personalmente, creo que si todo fuera así de fácil y matemático, hasta podríamos programar nuestras depres en una agenda, lo cual no significa que a veces, efectivamente, funciona así. Sin embargo, en otras ocasiones, la cosa cambia para peor. Hay días, hay días, que amanezco en cruz… y hay días en los que nos bañamos cantando Fiesta de Rafaella Carrá. La solución, más que un esquema de conductas, termina siendo nuestra propia anima, nuestra propia capacidad de saber que estamos feeling y down, pero que el mundo necesita de nuestra sonrisa… y que puede ser ese el mejor remedio.

Hablo totalmente sin autoridad, porque reconozco que la depre a veces me puede, sobre todo cuando la vida se me agolpa. Pero soy consciente de mi fortaleza, de la fortaleza que todas las personas tenemos, y pienso que cuando llega, cada uno conoce la mejor manera de decirle chau. Yo tengo mi manera… tú debes tener la tuya. Y si te sientes lonely, down, feeling y etc. como yo, quizás es el momento de que la apliquemos… cuando nadie nos ve.

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5 comentarios en “Cuando nadie me ve

  1. Pero nunca podrás detener la primavera.
    Yo nunca dejaré de creer eso
    El rubor de las rosas siempre llegará. Es inecvitable.
    Primavera. No importa si delante o detrás del otoño; el invierno siempre sueña con la Primavera

    Nunca podrás detenerla. Y aún sabiendo que has perdido el camino, el mundo la seguirá soñando… soñando con la primavera.

    Entonces, cierra tus ojos y abre tu corazón a quien en verdad te quiere…

    No puedes detener la primavera. Recuerda todo lo que ella te trae (las flores, el verde, el olor del verde, el sonido de las aves, el calor, el color…). Y es que nunca podrás detener la primavera

    De “You Can Never Hold Back Spring” Interpreta Tom Waits

  2. A veces cuando me invaden momentos de tristeza, trato de encontrar un enfoque optimista del asunto. Alguna vez escribí que escuchar insultos era algo malo; pero la capacidad de escuchar es algo bueno y estaría dispuesto a escuchar todos los insultos si me permiten alegrarme de mi capacidad de escuchar. Las tristezas, las depres -cuando no son algo patológico- son experiencias de vida, indican que estamos vivos y podemos hacernos con ellas, podemos aprender algo y por lo tanto crecer. No creo que exista algo que la razón no entienda, sino que hay cosas más difíciles de entender que otras, porque son más vivenciales, porque hay que vivirlas para entenderlas. Mi comprensión del dolor, los afectos y las lágrimas las he sacado de mi vida y no de libro alguno. Te dejo una frase de San Agustín: “Las lágrimas son la sangre del corazón”, genial, no?

  3. Efectivamente, Carlangas, si algo he aprendido del dolor es que es la máxima prueba de que uno está vivo… y sé también que luego de la guerra, viene la paz, por lo cual no me inquieta sufrir, aunque -como diría Bryce- friega.

  4. Hola Jossy: Me encantó tu artículo sobre tu papá, realmente muy bonito y lleno de ternura, ojalá pueda algún día decir que tengo hijos tan amorosos y agradecidos como tú. Tienes un estilo muy ameno de escribir y de compartir tus opiniones y tu manera de contemplar la vida que invita a compartirlos y entrar al diálogo contigo. No sabía que tenías esta página que aunque pareciera no estar dirigida a “tíos” como yo, no dejaré de leer para aprender algo más que lo que la vida hasta ahora ya me ha enseñado. Un abrazo y un beso.

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