Pero siempre con una sonrisa

Hace algunos meses, puse en mi hi5 una foto que me tomé, perica como siempre, luego de haber llegado del gimnasio. Maquillaje corrido -solo yo puedo ser tan vanidosa como para hacer spinning con delineador, ja-, pelos desordenados… al cuerno, igual puse el autodisparador, y ¡clac! Listo. La subí a la web, le puse como pie de foto: “Con cara de haber regresado del gimnasio”, y me olvidé para siempre del asunto. Meses después, recibí uno de los mejores comentarios que alguien me haya hecho: “Pero siempre con una sonrisa”.

Desmayada. Casi muerta. No podía más con la emoción. ¿Ante un comentario tan simple? No, para mí no lo fue. Para mí fue un acicate, un diploma al mérito, la patadita de la buena suerte. El miedo al reto de manejar mi casa -y mi carro-, la inestabilidad laboral, la lejanía de mis padres… ¡resulta que todo mi subjetivamente dramático expediente es totalmente superable… porque siempre soy capaz de proyectar una sonrisa!

Sí, sí , lo sé. No siempre. A veces sale al escenario la Majo renegona… otras, la Majo con cara de dolor de estómago… y muchas veces, la Majo de las cejas en V porque así me pongo cuando presto mucha atención a algo, pues. Sin embargo, gracias a esta buena persona, he descubierto -si estoy en un error, tú que me conoces, bájame mi nube- que la protagonista de mi vida es la de la sonrisa y la nariz roja que sueña lucir. La que salta en su auto cantando “Visite nuestro bar” o invocando a todo Lima -desde su humilde asiento de piloto- para que cante con Alejandro Sanz “te dejaré una ilusión envuelta en una promesa de eterna pasión…”.  La que disfruta de los golpes de su hermano mayor cuando lo despierta haciéndole cosquillas en los pies, o se acuesta con una sonrisa luego de haber logrado que su amado hermano menor diga “pulga idiota, ¡ya lárgate!”… la que le arranca un risueño gesto a su jefe, un señor tímido, antisocial y algo renegón de casi 70 años, cuando le enseña que todos podemos aprender algo nuevo cada día…

Quizás no llegue nunca el día en el cual pueda dedicarme a ser claun… o quizás sí. No importa. Porque sé que lograré, al menos, llevar de forma natural algo de paz a algún corazón magullado, o una pizquita de estímulo a alguien que necesite el aventón… solo bastará con respirar un poco, estirar los brazos, y dejar salir a la queen of the cholo world que llevo dentro.

Me retracto. Querido lector: no me bajes de mi nube. Y, querido Carwyn: gracias… ¡totales!

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