La confesión más costosa

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Mientras espero a que haga su trabajo el tinte que me acabo de aplicar para pintar mis canas de rojo, sonrío recordando a Juan Francisco, el gordito simpaticón que me hace sentir la reina de la primavera cada vez que entra a mi oficina. Hoy llegó afeitado -usaba barba-. Pregunté: “¿Qué pasó?”, me respondió: “Es que quería que sientas mis cachetes suavecitos”. Ja, ja… “Bueno, será con Shick Exacta”. “No, con Shick Ultra”, acotó. Nuevamente, ja, ja… Al rato, volvió. “Mira, si por mí fuera, te afanaría, pero acabo de terminar una relación de 8 años y como que uno quiere un descansito”. “No hay problema, ¡te entiendo a la perfección!”, afirmé. “El problemita va a ser si dentro de un año, ya no estoy sola”…

Realmente, todo quedó en la anécdota. Era la quincuagésima vez que me declaraba su perdido amor así que, para variar, tomé el asunto como una broma. Pero ahora, que tengo la cabeza caliente por el amoniaco, pienso: “¿Qué pasa cuando una persona que quiere a otra no se lo dice en el momento adecuado?”.

Para empezar, como ya saben bien, creo que para cada roto hay un descosido, y que lo que tiene que ser, es o será. Bien aristotélica yo. Sin embargo, también creo en la libertad del hombre y, si este no quiere porque tiene la voluntad obnubilada, pues no hay nada que hacer. Así de simple. En el contexto de este post, ¿cuántas parejas no se habrán formado porque a una de las partes le ganó la timidez, la comodidad o sabe Dios cuántas sinrazones?

Hace un rato, vi un programa de televisión español, El Diario de Patricia. Muy a su estilo, los ibéricos revelan ahí sus desventuras y deseos, a un estilo menos chabacano que el de Laurita Bozzo. Un señor fue para declarar su amor a una amiga… ¡y se dio con la sorpresa de que ella ya tenía enamorado! El hombre tuvo que tragarse el orgullo y, delante de miles de espectadores, decir: “No te preocupes, seguiremos siendo amigos… pero igual vine para decirte que desde que te conocí, no he dejado de pensar en ti”. Increíble. De cuánto somos capaces las personas por confesar nuestro amor… y de cuán poco, también. Conozco chicos que no se han declarado solo por timidez, y así se la pasan la vida solos. Claro, también están los confundiditos e indecisos, pero ellos entran en otro costal.

Yo pienso que si vale la pena, hay que actuar. No importa si eres hombre o mujer… actúa. Hoy también escuché, en un programa sobre los amores por internet, que un chico decía que conocía a chicas por esa vía debido a que era muy tímido. Al comienzo, pensé: “What? Qué baboso este…”. Luego me aliviané y decidí no juzgarlo mal, porque al fin y al cabo no está cayendo en la comodidad de esperar a que le toquen la puerta: está actuando… por tanto, apruebo, siempre y cuando se trate solo del primer paso, pues cuando se rompe el hielo, ya no hay excusa para no dar la cara.

Pese a esto, yo prefiero andar con cautela antes de “actuar”, pues así como creo en que si merece el esfuerzo, uno no se debe quedar callado, también me como enterito todo el cuento de que de la psicología del hombre es distinta a la de la mujer, y con esto hago un paréntesis; atentas, amigas solterillas: si una chica demuestra muy temprano su interés, fracasa (me acaba de pasar con un marino de 37 añitos que huyó al ver que hablaba demasiado, ja). Si deja un espacio para la duda, las cosas se ponen mejor, sin llegar a extremos, claro está (en esto también fallé hace poco… choteé tanto a otro muchachote que, simplemente, se enamoró de otra. ¿Qué me dicen?).

Por eso, la única vez en la cual revelé mis sentimientos color rosa a un chico fue porque era un deber imperativo de mi corazón y de mi cabeza (recuerden: cautela). Haré breve la historia antes de que el tinte haga burbujas: yo tenía 24; él, 20. No, no soy robacunas, fue mera casualidad. Una de mis alumnas me contó que había conocido a un venezolanito en una discoteca y me lo presentó por msn para darle el visto bueno. Me presté para la travesura y, al final, terminamos siendo grandes amigos. Un buen día, en una fiesta de la universidad, nos conocimos. Él lucía un terno lindísimo porque acababa de graduarse como mecánico de aviones; yo estaba más bien cashual. El tipo me llevaba un metro de estatura pero poco me importó. Estiré bien el cogote y bailé con él toda la noche. Qué muchacho para más bello y para más bueno. Se llama Leonel. Corría octubre y él partía a su terruño en diciembre. No llegó a ser mi enamorado, pero andaba pendiente de mi bienestar más que médico de seguro privado. Un día, cuando caí enferma de asma, llegó a mi casa con un par de chocolates. Claro, él no sabía que contribuía así a que mi tos se escuchara hasta la esquina, pero no interesaba. Lo recibí con mi pijama y conversamos en mi sillón hasta que me mandó a descansar.

Cuando llegó la hora de su partida, no se quiso despedir cara a cara. Entonces, le envié un mail muy extenso donde le decía que me había enamorado de él, y que pese a que ya no lo volvería a ver, no quería que se quedara sin saberlo. A continuación, incluyo un breve extracto:

“Sabía que lloraría, que sufriría, que la ausencia de faltas ortográficas y sundaes esporádicos dejaría un pequeño vacío en mi vida… que la esperanza de caminar muchas calles juntos en nuestras frescas tardes de verano no pasarían de ser un deseo inalcanzable –como mi hombre secreto con tu rostro- y que tendría que seguir como si nada porque life goes on. Pero me embarqué en esto y no me arrepiento en lo absoluto: gracias a este tiempo que la vida me regaló contigo, pude comer el chocolate más rico del mundo (..)”.

Siempre me comporté con una sutil irreverencia y, esa vez, no sería la excepción. Recibió el mail y solo me dijo que “lo había dejado mudo”. Seguimos conversando igual -solo por msn y teléfono, ya que estaba lejos-, siguió pendiente de mí como el primer día… y, meses después, nuestro cariño se convirtió en nada más que eso, un cariño bonito, lleno de sueños, de cómo estás, de ánimo, de todo saldrá bien. Al tiempo, empecé a estar con un chico y se lo conté a Leonel. Se alegró sobremanera… y me confesó que en su momento no me dijo “yo también te quiero” -nunca lo hizo- pues en su corazón seguía aún su ex enamorada. ¡Oh, por Dios! ¡Qué vergüenza! Bueno, a decir verdad, ya en ese momento no sentí nada más que ganas de reír, y agradecí a Dios que no se hubiera quedado. Por supuesto, pese a todo, no me arrepentí de haberme declarado, y nunca lo haré. Estoy segura de que después de lo que hice, él me quiso más -como amiga- y, aunque ya no hablemos mucho, estaremos en nuestro recuerdo para siempre.

Ay, qué cursi… ya me empalagué hasta yo, ja, ja… en fin. Hagamos repaso: Lección 1 – Cautela. Piensa antes de actuar. Lección 2 – Si vale la pena, no dejes de actuar. Ya la vida se encargará de ahorrarte la vergüenza si, por casualidad, él/ella tenía un amor guardado que ejem, ejem… olvidó mencionarte.

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8 comentarios en “La confesión más costosa

  1. Uy Maju, qué lindo artículo me quitó el sueño en esta tardecita.
    Si de confesiones se trata… hace años me declaré a un muchachote argentino… el pobre desapareció del mapa un buen tiempo, hasta que al fin apareció y me dijo que sólo me quería como amiga. Jamás me arrepentí.
    !Gracias a Dios ahora veo que no soy la única!.

  2. Majito te pedimos tus fieles lectores que por favor escribas sobre tu ultima y mas calurosa visita a Chiclayo … esperemos que te puedas inspirar, un abrazo

  3. Coincido en ambas lecciones, vale la pena amar, y es mejor decirlo a quedarte con ese sentimiento tan preciado, libera amar y aún cuando uno no sea correspondido quedo la maravilla de ser sinceros con lo que nos embarga.

  4. Hola Soñador

    Además, ¿a quién no le gusta sentirse querido, sentir que fue capaz de despertar emociones maravillosas en alguien más? Si, en el “peor” de los casos -desde nuestra perspectiva-, podemos lograr eso, pienso que se puede ser más feliz.

    Saludos

  5. Es bueno sentirse querido, y como bien dices lograr ello en otro ser es magnifico, pero el desamor o no ser correspondido también genera una honda pena, pero la vida es asi y el que no arriesga…

  6. Mis posts tratan de ser sobre todo persuasivos… por eso, la idea es que se pongan en práctica. Espero que algún día me escribas tu propia historia inspirado, motivado o simplemente removidito por esto 🙂

  7. majo! no sabía que tenías un blog! que gusto. Yo creo haber visto haciendo zapping ese programa español, recuerdo a este tio enamorado de la panadera que – por cierto estaba buena- tenia enamorado y él no lo sabia.
    Por eso es que a veces no es timidez, sino miedo a la vergûenza del rechazo.
    Y ese tío la tuvo en TV imaginate! Pero cómo saber cuándo no es mmuy temprano o cuándo no es muy tarde, más que cuestiones de hombres o mujeres creo que son cuestiones distintas en cada encuentro, relación o intento.
    Por lo pronto yo voy con mucha cautela. El Pis

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