Sí tenía madera

Hay días en que, cuando se acaba la jornada, provoca caminar y dejar volar los pensamientos… y los recuerdos. Uno de los más especiales es aquel que nos trae a la mente, como en un flashback, todo lo que uno vio, oyó y palpó -incluso el sudor de las manos- cuando se enfrentó con su primera búsqueda de empleo… y, sobre todo, con el primer sí. De pronto, uno siente que ya es grande… de pronto, uno avizora que muchos sueños de harán realidad… de pronto, uno deja correr alrededor del cuerpo el temblor que produce la duda sobre si estará a la altura de las circunstancias, o no.

Desde que entré a la universidad, quise ser periodista de deportes. Y no solo eso: mi meta era trabajar en la revista Once, una prestigiosa publicación de corta vida y suma calidad. Por eso, cuando a fines de 1998 -había ingresado en 1997- nos dijeron que buscáramos prácticas en algún medio de comunicación escrita, no dudé en comenzar a soñar.

La primera ala que le puse a mi ilusión fue un cortísimo pero contundente diálogo con Marisa Aguirre, profesora de la UDEP y, ciertamente, maestra Yoda en temas de emprendimiento personal. “Marisa… esta es la revista Once -tenía un ejemplar en la mano-… quiero practicar aquí”. “Bien”, contestó. “Habla con el director y pídele que te acepte”. Plop. Pretendía yo que ella intercediera por mí con sus contactos o que ella misma tramitara lo que en el argot futbolístico se denomina carta pase. Pero nada. Entonces, con el arroz encima, me senté en una de las pc del centro de cómputo de la universidad y escribí: “Sr. Jara, me encanta la revista, también el programa que tiene en canal 4. Quisiera ingresar como practicante y convertirme en una abanderada de la verdad (sic)” (esto lo había recién escuchado en mi clase de Filosofía de la Comunicación y creí que parecería importante si lo expresaba como tal). La respuesta fue: “Qué bien que muestres interés en estos temas, pero no trabajamos con practicantes. De todos modos, cuando quieras puedes visitarnos y te enseñaremos cómo se hace la revista… y no seas tan ceremoniosa al expresarte” (ouch!). “Sr. Jara, no quiero practicar para que me pague…. solo quiero estar ahí”, repliqué. “Está bien. cuando vengas a Lima, búscame”. Realmente, creo que entre líneas debí leer “qué niña tan pesada, ojalá se olvide rápido”, pero cuando uno tiene la ilusión en la punta de la vena aorta, el realismo se vuelve un aguafiestas que es mejor meter en un cajón.

Y llegó el día… el día de llegar a Lima. Llamé a canal 4 y me dijeron: “No está acá”. Busqué rápidamente la revista y marqué el numerito… ring… ring… “aló… ah, eres tú. Ven mañana”. Al día siguiente, me puse el polo rosado fashion que me habían regalado por Navidad y me presenté en la Av. Libertadores. Subí y me encontré con dos ambientes donde había computadoras, escuché algunas voces… y finalmente hallé la oficina de Umberto Jara. Me pareció que estaba un poco estresado o cansado o simplemente con dolor de cabeza, aun así, decidí no correr y sentarme frente a él. “Y ¿qué puedes hacer tú?”, me preguntó. “Mmm… puedo encargarme de esta columnita”, respondí. “No, para hacer eso hay que tener contactos, Daniel la escribe… ¿manejas internet?”. Con algo de verguenza por mi ignorancia, contesté: “No, no mucho…”. En un último esfuerzo por darme un chance, Umberto dijo: “Ok, vas a hacer una investigación en Indecopi… ¡José, dale dinero para que vaya!”. José es un periodista a quien todos conocían, conocen y conocerán como el huachano, y fue quien me regaló la sonrisa del espaldarazo.

Contenta, con mi tarea en las manos, fui a Indecopi. Averigüé lo que me habían pedido y volví. Umberto dijo que estaba bien, y que viera los partidos con los redactores para que fuera aprendiendo, previa revisión de las revistas anteriores con el fin de empaparme del estilo. Esos fines de semana futboleros fueron totalmente inolvidables. Daniel entró al Nacional conmigo y luego me dijo: “Búscate un sitio por ahí”; José Miguel se comportó con la cortesía del caso, y Luis repitió todo el camino: “Yo te voy a enseñar, yo te voy a enseñar… vas a observar lo que hago, tú puedes lograrlo”. Años más tarde, sería mi hincha más devoto -en el aspecto profesional-, me nombró su Jimena de Jaime Baily y me regaló un programa de radio. Si algún día lees esto, mil gracias, Carrillito.

Una tarde, Umberto lanzó el reto: “Vas a escribir la crónica del partido… y vamos a ver en cuánto tiempo lo haces”. Miró su reloj y me mandó a la pc de su oficina. Triné los dedos y solté el verbo. Se lo pasé. Me dolió el estómago. Lo miré. Estaba estresado. Era un día difícil. Seguro la faena acabaría tarde. No me senté. No lo miré. Vestía nuevamente mi polo rosado fashion de la Navidad. Umberto empezó a leer… y, de pronto, soltó: “¡Ah, sí tenías madera!”. Una sinfónica completa tocó solo para mis oídos “aaaaaaaleluyaaaaaaa, aaaaaaaaaaaaaaaleluya, aleluya, aleluya, aleeeeeluyaaaa”. Fui feliz. No había una maldita florecita ni arco iris sobre mí, pero sentí paz en mi corazón (ya no solo la ilusión en la aorta).

Lo que siguió fue la decisión de nombrarme corresponsal en Piura -yo debía regresar a estudiar-, el apodo que pervive hasta hoy de “criatura” y una temporada maravillosa de experiencias que narraré en otro post. Por ahora, solo quiero terminar agradeciendo públicamente al primer hombre -luego de mi padre, claro está- que, pese a haberme presentado con el título de abanderada de la verdad, creyó en mí al punto de hacerme parte de su aventura, de su reto, de su sueño. En ese momento, para mí Umberto Jara solo era un hombre de gesto adusto, capacidad de lectura de 1,000 páginas por día -eso contaba la leyenda- y mucho criterio intelectual. Con el paso de los años -y la criatura ya crecidita-, Umberto Jara -no me alcanzan las gracias, jefe- se convirtió en el gestor de una gran realidad que, si ha de guardarse en un cajón, será en el que tiene consigo todo aquello que nos revivifica para no olvidar que siempre se puede ser feliz.

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2 comentarios en “Sí tenía madera

  1. Porsupuesto que tenías madera y tienes madera, no solo para narrar crónicas deportivas sino para muchas cosas. Eres increiblemente valiosa y todo lo que haces ,lo haces muy bien, solo tienen que darte la oportunidad, pero si no te la dan ,igual sé que la buscas porque tienes una capacidad de dar inmensa. ¿sabías que en dar y en buscar el bien de los demás está la felicidad? no hay otra forma de alcanzarla. Sigue siendo feliz. Te quiero muchote.

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