Simplemente lo quieres (o no) tú

celu

He’s just not that into you… simplemente, no te quiere. Pocas veces he visto que las traducciones al español de las películas cuyo idioma es el inglés, se acerquen tanto a la realidad. Y pocas veces también me ha pasado que no he podido sacarle todo el jugo emocional a las comedias románticas del tipo multihistoria. Quizás porque me centré un tanto en Gigi: profesional, treintañera y muerta por conocer al hombre de su vida –o al menos a uno a quien pudiera decirle “mi amor” y con quien tuviera sueños de opio acerca de una vida casada y con hijos, felices por siempre ever after-. En este proceso de búsqueda, creía ver señales de que por fin había encontrado el amor, cuando los hombres en cuestión no habían hecho más que ser corteses o tan solo usarla para un momento de flirteo.
Recuerdo las risas estruendosas y los “aaaaiichhh” en las escenas cuando Gigi miraba su teléfono 345 veces en un solo día, guardando subliminales esperanzas en que la llamarían para volver a salir, luego de la primera cita. Qué patética se veía… pobre Gigi. El final (de esta historia), ya lo imaginarán. No hay película gringa sin happy ending, y la enamorada del amor encontró por fin su real e inesperadamente romántico destino.
Poco después, leí en un blog un comentario a esta película, donde la autora hace un airado llamado a las mujeres para que de una vez despierten y dejen de ser unas “Gigi”, es decir: Paren de concederle los preciados minutos de su tiempo emocional a hombres que, simplemente, no las quieren. Chicas, no sean tontas… chicas, dignidad… sin duda, toda una proclamación de mesura y pensamiento práctico. Hasta mi hermano menor, con toda su cordura, fue comprado vilmente  y no dudó en pasarme el link para que yo también empiece a usar el cerebro, qué caray.
Pero, como dice el Chapulín Colorado, no contaban con mi astucia. Le di un par de vueltas al asunto… no podía ser tan fácil la ecuación, nada que tenga que ver con emociones y humanidad es así de matemático (o, al menos, no tiene tan pocas variables). Muy bien, el chico no me hace caso. ¿Qué debo hacer? Nadar para otro lado, ese pez nunca morderá. Punto. Brillante. Sin embargo, ¿qué pasa cuando hay una cierta posibilidad de que muerda, cuando vale demasiado la pena como para irse así nomás… cuando no hay razones del todo objetivas para pensar que es imposible –si es casado, es imposible, olvídenlo– o cuando simplemente nos da la gana de contemplar una foto en las noches, la foto de una entelequia que no sabemos siquiera si nos conoce pero, aún con eso, le pone un poquito de mermelada a la vida?
¿Qué pasa? Que se complica el asunto con una variable más: la de las miles de razones que pasarán por nuestra mente y nuestro corazón antes de tomar la decisión de partir. Y no podremos partir hasta que solucionemos la ecuación así, tomando en cuenta todo lo que se DEBA toma en cuenta –ojo con esto, no vale engañarse–.
Hace algún tiempo, me fijé en un chico. Guapo, íntegro, noble, honesto… ¡cómo no ir a por él! En una época donde estas son virtudes perdidas, o al menos lejanas, no podía dejarlo escapar. No obstante, creo que fui un tanto obvia –no sé cómo, porque salimos pocas veces… al parecer, la transparencia en mi caso es un arma de doble filo– o él, simplemente, no me quiso. Mostró tanta indiferencia, que tuve que seguir mi camino nomás.  Nada, ni una sonrisita, ni una llamada… sin duda, el tipo de hombre que te hace cuestionar tu poder femenino de persuasión. Poco tiempo después, lo volví a ver, ya con otros ojos. Él también tenía otra actitud, con lo cual la conversación fluyó de manera natural… vino una salida, vino otra, hasta que hace poco me enteré de que ha puesto su interés en otra chica. Cuando me lo contaron, lo primero que pasó por mi cabeza fue: vuelvo a ser la sonsa –en verdad, pensé un adjetivo más fuerte, je– que se esfuerza por dar cariño y hacer sentir bien, para que el premio se lo lleve otra. Ouch, cuánto dolió –y eso que ahora lo miraba con otros ojos, ja–. Llamé a mi mejor amigo y se lo conté. Me dijo: “Ese chico no es para ti… no podría vivir con tu temperamento apasionado y sensible… no podría, Majo… además… ¿te ha llamado alguna vez?”. “No”, respondí. “Bueno, simplemente no le interesas. Olvídate ya”.
Podía soportar la variable de la incompatibilidad de caracteres… ¡pero no me comería de ninguna manera eso de que no le interesaba, solo porque nunca me había llamado! No, no y no. Me enterqué. Pero la noche siempre es propicia para la reflexión y me di cuenta de que todas mis variables se habían anulado entre sí… más aún cuando me encontré con él, cierto día, y lo vi demasiado adorable –y a mí, tan dañina– como para atreverme a perder su amistad por una ilusión sin alas. Decidí resignarlo, una vez más, con la tranquilidad de que saber en qué me estaba metiendo; con todo ya analizado, archivado, revisado y decretado.
Aunque no me gusta escribir posts netamente femeninos, esta vez le tocó a mis lectoras –dicho sea de paso, aunque no debería ser “tan de paso”, mil disculpas por los dos meses fuera… ya me tomaré la revancha renovando mi promesa de escribir un poco más–. Chicas, no perdamos nuestra esencia. Una mujer es sensible… soñadora… e inteligente. Una mujer sabe perfectamente en lo que se mete. Cuando un hombre casado te cuenta que tiene problemas con su esposa, ¿qué quiere realmente? ¿Ser tu amigo? No. Quiere tener una solidaria y consoladora aventura contigo. Y lo sabes. Si un hombre te dice que te extraña al día siguiente de haberte conocido, ¿realmente lo hace? No. Te está midiendo, está desesperado o es un rufián, entre otras miles de opciones más… pero no te extraña. Y lo sabes. Cuando decidimos convertirnos en un poco “Gigi”, somos conscientes de que cabe la posibilidad de terminar poniendo en nuestro mensaje personalizado de msn “¿quién me va a curar el corazón partío?”, pero ya está, el sol –y las nubes y la lluvia, y todo el rollo– regresará al día siguiente. O aparecerá alguien que recoja los mil pedazos de nuestro corazón, que rodaron por toda la habitación, pegándolos con el calor de su abrazo franco, impredecible, apabullantemente hermoso… alguien que, simplemente, sí te quiera.

AQUÍ VA LA PARTE EXACTA DE LA PELÍCULA EN LA CUAL SE DECRETA EL FAMOSO: “SI NO TE LLAMA, NO ESTÁ INTERESADO EN TI”. MIL DISCULPAS SI NO HE ENCONTRADO LA VERSIÓN CON SUBTÍTULOS :(… You tube no me permite subirlo así que ahí va el link:

http://www.youtube.com/watch?v=ImCQNq8rtWc&feature=related

Y AQUÍ VA “MIL PEDAZOS” DE CHRISTINA Y LOS SUBTERRÁNEOS… A VECES, UN POCO DE CATARSIS (Y DE RECUERDOS… ¡QUÉ ÉXITO NOVENTERO!) NO HACE NADA MAL 🙂

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3 comentarios en “Simplemente lo quieres (o no) tú

  1. Me siento muy identificada con tu caso, hace unos años me pasó algo similar, sin happy ending para mi pero sí para el (al menos), se casó y es muy feliz. Pero creo que en tu caso no todo está perdido, qué pasaria si esa chica no le corresponde? Tal vez ahi tienes el camino libre para poder conquistarlo, todo puede suceder.
    Me encantó tu post.
    Suerte

    • Hola Marisol

      Me da muchísima pena no haber respondido antes… últimamente mi vida anda desastrosamente desordenada y, bueno, me retraso y retraso… en fin. Te cuento que el chico en cuestión nunca llamó a la chica que supuestamente le gustaba -un gusto excesivamente fugaz, al parecer-, pero ahora ha empezado a salir con otra que, de manera indirecta, yo le presenté. Qué cosas, ¿no? Nadie sabe para quién trabaja, ja… de todos modos, mi razón me dijo que ese chico no era para mí… demasiado incompatibles, demasiado diferentes…. aunque no te niego que el corazón se aferró un poquito y hasta ahora le cuesta “entender” (quizás porque no es su función, ¿no?, ja…). Sobre lo tuyo… “lo que un día no fue, no será”, así que dale nomás. Ya llegará un príncipe azul… o al menos, celestito 😉

  2. No solo incompatible y diferente, ademas parece ser un indeciso, primero le gusta una, luego sale con otra, mañana sabe Dios quien le gustará… no será de esos que no saben ni lo que quieren? Pienso que no te conviene, y que el tiempo te ayudará a olvidarlo, pero es cierto lo que dices, el corazón se aferra y no entiende razones porque su función no es entender sino amar.
    Animo y pronto encontraremos a nuestro principe celestito
    Suerte

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