Recuerdos sin memoria

Mi mamá llegó al hospital a las 3 pm. Estaba adolorida, pero no tanto como para no ansiar que ocurriera ya, que ocurriera ya… era 19 de marzo, fiesta de San José, y había decidido que si era mujer, me llamaría María José. ¡Ayyy! Le dolía a ella y me dolía a mí, porque no entendía por qué me sacaban de mi casita de agua caliente, donde había estado tanto tiempo tranquila, protegida, segura, ¡y doblada!… incluso, durante un tiempo prolongado, no tuve ni que escuchar el sonido de la calle, porque mi mamá me tuvo en posición horizontal… ¡qué rico fue eso! En fin, parecía que no podía ni debía hacerla esperar, así que me lancé al vacío y felizmente hubo un señor que me recogió. “Es niña”, escuché. ¡En vez de estar observándome, póngame otra vez calientita junto a mi mamá… ¿no ve que hemos hecho un esfuerzo las dos para apurarnos? Sáquese, sáquese… qué lindo fue sentir sus mejillas, su voz bonita… luego me llevaron donde otro señor, pero a ese sí lo conocía… al menos, había escuchado su voz durante muuucho tiempo… dijeron que era mi papá… ¡mi papá! Él dijo -hasta ahora lo hace- que felizmente, no salí a él. A mí me daba ganas de decirle que no, que sí tenía algo de él… que la fuerza para dejar mi casita de agua caliente fue únicamente suya, pues la verdad yo hubiera preferido permanecer dentro… y como no podía decírselo con palabras, me dediqué a llorar por mucho tiempo. Mis papás pensaban que era por gases, y ya ni leche de mi mamá pude tomar, me daban un líquido horrible de ¿soya?… fuchila… total, que solo yo sabía la verdad. Además, quería decirles que los quería, ¡y no me entendían! (esa costumbre también se mantiene hasta hoy). En fin, el tema es que ambos se pusieron muy contentos, y el niño gordito también. Cuando me llevaron a la casa, me metieron en una cuna con otro niño gordito… ¡qué grande era! De noche, me empujaba y como era tan chiquita, no me podía defender. Un buen día, nos separaron. Me dio pena. Sobre todo porque la mamá de ese pequeño, mi tía Carmela, nos ponía medias todas las noches, y cuando me sacaron de allí, mi papá creía que sin medias estaba más fresquita… ¡por qué los adultos no entienden la psicología pueril! De tanto llorar, creo que lo entendieron… ensayo – error, que le llaman a eso. En la nueva casa, que estaba muuuuuuuuy lejos de la otra, tuve muchas experiencias que otro día te contaré porque ya voy creciendo y ya los niños gorditos van teniendo nombre y hasta mis papás creo que anunciado la llegada de otra bebé… mmmfff, mientras no me empuje, puedo compartir mi cuna con ella.

Papá, el niño gordito, mamá y yo con cara de molesta por tanta leche de soya

el otro niño gordito, con el que compartí cuna y medias, je

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