Un huevo de Pascua con relleno

Viernes Santo. Veinte años atrás. Mamá, ¿puedo escuchar música? – No. Pero, ¿por qué? – Porque Jesús ha muerto, pues, cómo vas a estar cantando… Suficiente. Sin cucufaterías ni sermones, de la manera más natural y poco adobada posible, ella y mi papá nos enseñaron a ser coherentes con nuestras creencias. Era claro. Lo había visto en las películas… Jesús había sido crucificado, latigado, escupido… y matado. No había motivos para cantar. Ante argumentos como ese, no cabía réplica pues en mi cerebro, al menos, tenía lógica. Con el paso del tiempo, fui profundizando más en el tema, en los miles de temas que encierra la Semana Santa y, por supuesto, la fe se prendió de un mayor asidero. Pero la lucidez de mi mamá para decirnos las cosas, por lo menos a mí, me bastaban. Y así como vivíamos el Viernes Santo, celebrábamos también la Pascua de Resurrección. Tina nos preparaba comida rica y mi mamá compraba los huevos de chocolate, que por esa época venían con sorpresa dentro. Era una tontería, claro, un muñequito de plástico sin valor, pero todos, incluso mis papás, participábamos de la emoción de descubrir qué nos había tocado dentro del huevito.

Hoy es Pascua de Resurección. Sábado Santo. Mamá y papá están lejos, y cada hijo ha tomado su rumbo. No hay mesa servida, no hay huevos con sorpresa… pareciera que las devociones están siempre reservadas a los niños. No, no hay forma. Cerca de las 8 pm, me rebelé contra ello. El acontecimiento más grande en la historia de los cristianos -yo soy católica practicante, aunque aún no entiendo por qué tengo que aclarar eso de “practicante” si la “no practicancia” no es más que un eufemismo, mmm- estaba ocurriendo y no me quedaría en casa a seguir desapareciendo la poca serotonina que me quedaba dentro. Cogí mi auto y me fui al cine. En la cola para comprar el pop corn, llamé a mis papás para quejarme del empate de Alianza Lima -era mi forma de decirles que los quiero y los necesito, je- y escogí una peli ad hoc para la ocasión: Un sueño posible. Es la peli con la que Sandra Bullock ganó el Oscar a mejor actriz este año.

Tras haber pasado unas semanas en las cuales tuve la tentación de dudar sobre si todavía había gente buena en este mundo -incluida yo, que para darme de palazos estoy pintada-, esta película fue totalmente reconfortante. Y eso que no sabía que era una historia de la vida real. No es un dramón, aunque puede hacer llorar. No es una comedia, aunque de hecho hace reír. Es un prueba de que los buenos corazones existen. De que el tuyo y el mío puede algún día llegar tan grande que nos asfixie y nos apriete.  De que el “macho” es más “macho” cuando acepta que una mujer puede ser razonable y la apoya, aunque suene a locura. Y de que valiente no es el que no tiene miedo, sino el que lucha por vencerlo.

Qué nice sueno hoy. Y qué religiosona, lo admito. ¿Y? Si los que viven la Semana Santa mundamente pueden publicar su mundanismo, yo que al menos trato de ser un tantito espiritual, puedo publicar mi espiritualismo. Qué me importa si a la gente le gusta o no. Y como no me importa, puedo decir que de ese modo quiso Dios mostrarme hoy que resucitó. Sin huevos de chocolate, sin mesas decoradas ni jolgorios tardíos -mami, prometo seguir tu legado cuando tenga mis propios engendros, je-. Con un mensaje de optimismo y la paz de saber que, como decía mi abuelo Porfirio, “no pasa nada”, porque Él está aquí buscando por todos los medios meterse en la vida de las personas, en nuestras vidas, para hacernos más gente y menos bestias.

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3 comentarios en “Un huevo de Pascua con relleno

  1. Qué lindo escribes hijita. Créeme que no es cuestión de niños. Yo también hice algo después de que hablamos. Fuimos con tu papi, compramos un champagne, un huevo grande de chocolate con sorpresa y un pollito a la brasa. Fuimos a la casa en que nos acogen siempre con tanto cariño (Fam. De la Piedra), pero que no celebran la Pascua, por que no saben que se debe celebrar y ¡Lo hicimos!

  2. Hola, Majo!

    Bueno, no sé si el último párrafo era necesario (sobre todo por la “pataleta reivindicativa”), pero supongo que lo veo así porque te conozco, te respeto y sé qué puedo esperar de ti.

    De todas maneras te diré que he disfrutado de este post (como casi todo lo que escribes), he comprendido tu soledad, he sentido aromas de Lima, ruidos, me he emocionado con el modo en que te sublevaste a quedarte en casa el domingo de Pascua y hasta me ha llegado una extraña sensación de aire fresco dándome a la cara.

    Hablando de lógicas paternas y maternas, a mí los míos me impidieron desarrollar pánico a los bichos, con sólo una llamada de atención. Sucedió hace veinticinco años, vi un grillo, corrí a buscar la protección de mi papá y él, de manera seca y contundente, me dijo: “¡Deja de gritar! ¡Tú eres cincuenta veces más grande que él, él te tiene miedo a ti y si lo matas sería un abuso de tu parte!”

    Así las cosas.

    ¡Un abrazote!

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