Casi tres años sin compartir mi mundo. Mal. En fin, ya lo pasado, pasado, y aunque sí me interesa, pues no queda más remedio que mirar solo el hoy, como dice el maestro de Kung Fu Panda.

Ahora estoy casada y esperando una bebé llamada Cristina. ¿Juat? Así es. Todo lo vivido sirvió de algo, todo lo compartido aquí espero que también. Por supuesto, no solo les contaré cómo ocurrieron semejantes milagros, sino los pormenores -considero yo- dignos de cualquier manual  “Love for no tan dummies”.

Las historias son largas, la vida da más vueltas que las que nos hacen creer los profes de geografía. Hoy solo me referiré al tema puntual de la búsqueda, esa que todas emprendemos y pocas se atreven a reconocer.

El otro día, me encontré con un blog que se convertirá en libro, dicen, llamado “Soltera Codiciada”. Imagino que hay un código secreto, implícito o explícito, de no criticarse entre blogeros, pero considero que no merece la pena leerse. Es más de lo mismo, solo que con la ¿creativa? onda de escribir con hashtags y harta lisura, claro, para parecer cool. En fin, que un post de por ahí dice algo así como que ya basta de pensar en si estás soltera o no, de buscar, de desesperarte, emprende metas, amiga, inicia proyectos, el hombre llega. Estoy de acuerdo en eso de la desesperación, que nunca es buena, pero en lo demás, no. Si una ve que se le pasa el tren, si una nació para entregar su vida a alguien… es lógico que sea un item en su agenda. Llega, si Dios quiere, sí, pero hay que ponerle ganas al asunto. Por ahí oí algo de que “ya no estoy para perseguir, yo valgo más que eso”. Mmmfff… sí, pero a ese paso, terminarás cantando “regálame la silla donde te esperé”, de Alejandro Sanz. Sí, no hay que ser obvias, hay que comenzar siempre por una amistad, eso dicta la lógica y me parece perfecto. Pero solo el que persevera, triunfa, o al menos está más cerca de la que terminará con la silla regalada cantando “Ironic” de Alanis Morrisette.

Ojo, ojito, que en ningún momento he igualado “buscar” a “besarme a la primera para dejar en claro que quiero una relación”. No, ni hablar. Eso se llama regalarse y echarlo todo a perder. Uno menos en la lista, hasta como buen amigo que pudo ser. Se trata de -sin acosar- buscar coincidencias, conversar, intercambiar las cosas en común que existen y, cuando llegue el momento, soltar las señales. Si, mientras tanto, sale con otra y empieza una relación, bendito Dios que lo quitó del camino -por algo será-. Si la cosa continúa, bien. Y si termina mal, pues una página de diario más sobre lo que hay/no hay que hacer. Así, hasta que aparece. Mejor dicho, hasta que el Cielo lo pone en tu camino, tú lo encuentras y, sobre todo, lo reconoces.

Yo conocí a mi esposo en una página web de solteros católicos. Yo inicié la relación y luego me mandé. Yo insinué la posibilidad de casarnos y yo provoqué su venida a vivir a Perú (es un bello y terco español). ¿Lo obligué? ¿Forcé las cosas? ¿Si no hubiera hecho nada, habría quedado como corresponde, como una dama que deja que el caballero actúe? Fuera. Sin aquellos suaves empujones, ni él ni yo seríamos felicísimos ahora, Él lo reconoce, yo agradezco a Dios las agallas y la poca vergüenza. Y por supuesto, su cuidado para no terminar muerta en una maleta -prudencia, siempre prudencia-. Busca con cautela e inteligencia y, sobre todo, con ojo de loca, que no se equivoca.

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