Promesa de mujer (y mujercita)

cunaHijita, hoy trajimos a la casa tu súper cuna y tu moisés -no, el señor de las aguas del Nilo que te conté el otro día no, un “moisés” es una cuna pequeña-. ¿Cómo que para qué dos? Eres agarradita como tu papá, je… y la verdad es que tienes razón, si una basta… es que los primeros días o semanas vas a estar cerquita de mí, de modo que pueda darte tu leche rápidamente y además estar atenta a tus movimientos -¿que si te voy a tomar fotos desde tan chiquita? Pues claro, ya sabes que es tu destino-. Tu papá se emocionó mucho al ver tus sabanitas, tu almohadita de colorinches… debes agradecer a tu abuela Anita, a Tina y a tu madrina Guada porque ellas hasta ahora son las que han comprado todo lo que vas a necesitar, ya sabes que tu mamá en estos momentos es tan ágil como un ropero y encima llora y se agobia porque ya se va acercando el día…

Entiendo que me pidas que esté tranquila pero hijita, estamos en la recta final y las emociones vuelan. Ah, tu ángel de la guarda ya te contó y como mujer, comprendes lo que siento… gracias, Cristina, realmente me doy cuenta de que me apoyas y me alegra saber que siempre lo harás. Desde un principio entendiste que te tocó una mamá acelerada, ansiosa, descocada… y aún así, todo este tiempo has sido mi compañera, no solo porque físicamente no te queda otra, je, sino porque cuando lo he necesitado y te lo he pedido, me has apoyado. Te voy a extrañar (dentro de mí). ¡Cuántas cosas hemos vivido juntas, y con tu papá, todo este tiempo! Tus primeros milímetros, las dormitadas en la tarde porque nos moríamos de sueño los primeros meses… el día que fuimos a la clínica cuando pensé que te venías y era solo que ya te empezabas a mover mucho (y gases, je). La tarde en la cual nos saludaste, en tu primera ecografía… y tus ojazos preciosos en la 4D, que fue un fastidio para ti porque estabas dormidita y te despertamos… cada contracción de Braxton en el carro, ¡las veces en que necesitamos baño!

Ya sé, hijita, que me quejo mucho… que me mata el dolor de pierna y que quisiera volver a dormir como Dios manda, pero no cambiaría esa “tranquilidad” por el tiempito que nos queda juntas para acariciarte, darte de comer las proteínas que necesitas, cantar en el auto y llorar juntas ante la incertidumbre del futuro.

Te digo una cosa, que me sopló tu ángel: a Santa Teresa de los Andes le dijo Jesús -sí, ese Hombre bueno que te cuenta todas las noches cómo apoyar a tu mamita- que nada le daba más pena que dudáramos de su amor, desconfiando. Sí, Él es muy bueno para que lo tratemos así… entonces, dile que nos acompañe hasta que nos miremos directamente a los ojos -¡y siempre!-. También a la buena Señora que te arrulla durante el día. Ella es tu Mamá del cielo, ¡imagínate, la Mamá de Jesús es también tuya! Qué suerte, ¿no?. Te prometo tratar de disfrutar de lo que nos queda, tú prométeme que saldrás rapidito, fuerte y sana, y aprenderás a tomar tu leche como una ternerita… como la que te compramos, de peluche, en España, hace más de uño, cuando ya te soñábamos.

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