Casi tres años sin compartir mi mundo. Mal. En fin, ya lo pasado, pasado, y aunque sí me interesa, pues no queda más remedio que mirar solo el hoy, como dice el maestro de Kung Fu Panda.

Ahora estoy casada y esperando una bebé llamada Cristina. ¿Juat? Así es. Todo lo vivido sirvió de algo, todo lo compartido aquí espero que también. Por supuesto, no solo les contaré cómo ocurrieron semejantes milagros, sino los pormenores -considero yo- dignos de cualquier manual  “Love for no tan dummies”.

Las historias son largas, la vida da más vueltas que las que nos hacen creer los profes de geografía. Hoy solo me referiré al tema puntual de la búsqueda, esa que todas emprendemos y pocas se atreven a reconocer.

El otro día, me encontré con un blog que se convertirá en libro, dicen, llamado “Soltera Codiciada”. Imagino que hay un código secreto, implícito o explícito, de no criticarse entre blogeros, pero considero que no merece la pena leerse. Es más de lo mismo, solo que con la ¿creativa? onda de escribir con hashtags y harta lisura, claro, para parecer cool. En fin, que un post de por ahí dice algo así como que ya basta de pensar en si estás soltera o no, de buscar, de desesperarte, emprende metas, amiga, inicia proyectos, el hombre llega. Estoy de acuerdo en eso de la desesperación, que nunca es buena, pero en lo demás, no. Si una ve que se le pasa el tren, si una nació para entregar su vida a alguien… es lógico que sea un item en su agenda. Llega, si Dios quiere, sí, pero hay que ponerle ganas al asunto. Por ahí oí algo de que “ya no estoy para perseguir, yo valgo más que eso”. Mmmfff… sí, pero a ese paso, terminarás cantando “regálame la silla donde te esperé”, de Alejandro Sanz. Sí, no hay que ser obvias, hay que comenzar siempre por una amistad, eso dicta la lógica y me parece perfecto. Pero solo el que persevera, triunfa, o al menos está más cerca de la que terminará con la silla regalada cantando “Ironic” de Alanis Morrisette.

Ojo, ojito, que en ningún momento he igualado “buscar” a “besarme a la primera para dejar en claro que quiero una relación”. No, ni hablar. Eso se llama regalarse y echarlo todo a perder. Uno menos en la lista, hasta como buen amigo que pudo ser. Se trata de -sin acosar- buscar coincidencias, conversar, intercambiar las cosas en común que existen y, cuando llegue el momento, soltar las señales. Si, mientras tanto, sale con otra y empieza una relación, bendito Dios que lo quitó del camino -por algo será-. Si la cosa continúa, bien. Y si termina mal, pues una página de diario más sobre lo que hay/no hay que hacer. Así, hasta que aparece. Mejor dicho, hasta que el Cielo lo pone en tu camino, tú lo encuentras y, sobre todo, lo reconoces.

Yo conocí a mi esposo en una página web de solteros católicos. Yo inicié la relación y luego me mandé. Yo insinué la posibilidad de casarnos y yo provoqué su venida a vivir a Perú (es un bello y terco español). ¿Lo obligué? ¿Forcé las cosas? ¿Si no hubiera hecho nada, habría quedado como corresponde, como una dama que deja que el caballero actúe? Fuera. Sin aquellos suaves empujones, ni él ni yo seríamos felicísimos ahora, Él lo reconoce, yo agradezco a Dios las agallas y la poca vergüenza. Y por supuesto, su cuidado para no terminar muerta en una maleta -prudencia, siempre prudencia-. Busca con cautela e inteligencia y, sobre todo, con ojo de loca, que no se equivoca.

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Un huevo de Pascua con relleno

Viernes Santo. Veinte años atrás. Mamá, ¿puedo escuchar música? – No. Pero, ¿por qué? – Porque Jesús ha muerto, pues, cómo vas a estar cantando… Suficiente. Sin cucufaterías ni sermones, de la manera más natural y poco adobada posible, ella y mi papá nos enseñaron a ser coherentes con nuestras creencias. Era claro. Lo había visto en las películas… Jesús había sido crucificado, latigado, escupido… y matado. No había motivos para cantar. Ante argumentos como ese, no cabía réplica pues en mi cerebro, al menos, tenía lógica. Con el paso del tiempo, fui profundizando más en el tema, en los miles de temas que encierra la Semana Santa y, por supuesto, la fe se prendió de un mayor asidero. Pero la lucidez de mi mamá para decirnos las cosas, por lo menos a mí, me bastaban. Y así como vivíamos el Viernes Santo, celebrábamos también la Pascua de Resurrección. Tina nos preparaba comida rica y mi mamá compraba los huevos de chocolate, que por esa época venían con sorpresa dentro. Era una tontería, claro, un muñequito de plástico sin valor, pero todos, incluso mis papás, participábamos de la emoción de descubrir qué nos había tocado dentro del huevito.

Hoy es Pascua de Resurección. Sábado Santo. Mamá y papá están lejos, y cada hijo ha tomado su rumbo. No hay mesa servida, no hay huevos con sorpresa… pareciera que las devociones están siempre reservadas a los niños. No, no hay forma. Cerca de las 8 pm, me rebelé contra ello. El acontecimiento más grande en la historia de los cristianos -yo soy católica practicante, aunque aún no entiendo por qué tengo que aclarar eso de “practicante” si la “no practicancia” no es más que un eufemismo, mmm- estaba ocurriendo y no me quedaría en casa a seguir desapareciendo la poca serotonina que me quedaba dentro. Cogí mi auto y me fui al cine. En la cola para comprar el pop corn, llamé a mis papás para quejarme del empate de Alianza Lima -era mi forma de decirles que los quiero y los necesito, je- y escogí una peli ad hoc para la ocasión: Un sueño posible. Es la peli con la que Sandra Bullock ganó el Oscar a mejor actriz este año.

Tras haber pasado unas semanas en las cuales tuve la tentación de dudar sobre si todavía había gente buena en este mundo -incluida yo, que para darme de palazos estoy pintada-, esta película fue totalmente reconfortante. Y eso que no sabía que era una historia de la vida real. No es un dramón, aunque puede hacer llorar. No es una comedia, aunque de hecho hace reír. Es un prueba de que los buenos corazones existen. De que el tuyo y el mío puede algún día llegar tan grande que nos asfixie y nos apriete.  De que el “macho” es más “macho” cuando acepta que una mujer puede ser razonable y la apoya, aunque suene a locura. Y de que valiente no es el que no tiene miedo, sino el que lucha por vencerlo.

Qué nice sueno hoy. Y qué religiosona, lo admito. ¿Y? Si los que viven la Semana Santa mundamente pueden publicar su mundanismo, yo que al menos trato de ser un tantito espiritual, puedo publicar mi espiritualismo. Qué me importa si a la gente le gusta o no. Y como no me importa, puedo decir que de ese modo quiso Dios mostrarme hoy que resucitó. Sin huevos de chocolate, sin mesas decoradas ni jolgorios tardíos -mami, prometo seguir tu legado cuando tenga mis propios engendros, je-. Con un mensaje de optimismo y la paz de saber que, como decía mi abuelo Porfirio, “no pasa nada”, porque Él está aquí buscando por todos los medios meterse en la vida de las personas, en nuestras vidas, para hacernos más gente y menos bestias.

Recuerdos sin memoria

Mi mamá llegó al hospital a las 3 pm. Estaba adolorida, pero no tanto como para no ansiar que ocurriera ya, que ocurriera ya… era 19 de marzo, fiesta de San José, y había decidido que si era mujer, me llamaría María José. ¡Ayyy! Le dolía a ella y me dolía a mí, porque no entendía por qué me sacaban de mi casita de agua caliente, donde había estado tanto tiempo tranquila, protegida, segura, ¡y doblada!… incluso, durante un tiempo prolongado, no tuve ni que escuchar el sonido de la calle, porque mi mamá me tuvo en posición horizontal… ¡qué rico fue eso! En fin, parecía que no podía ni debía hacerla esperar, así que me lancé al vacío y felizmente hubo un señor que me recogió. “Es niña”, escuché. ¡En vez de estar observándome, póngame otra vez calientita junto a mi mamá… ¿no ve que hemos hecho un esfuerzo las dos para apurarnos? Sáquese, sáquese… qué lindo fue sentir sus mejillas, su voz bonita… luego me llevaron donde otro señor, pero a ese sí lo conocía… al menos, había escuchado su voz durante muuucho tiempo… dijeron que era mi papá… ¡mi papá! Él dijo -hasta ahora lo hace- que felizmente, no salí a él. A mí me daba ganas de decirle que no, que sí tenía algo de él… que la fuerza para dejar mi casita de agua caliente fue únicamente suya, pues la verdad yo hubiera preferido permanecer dentro… y como no podía decírselo con palabras, me dediqué a llorar por mucho tiempo. Mis papás pensaban que era por gases, y ya ni leche de mi mamá pude tomar, me daban un líquido horrible de ¿soya?… fuchila… total, que solo yo sabía la verdad. Además, quería decirles que los quería, ¡y no me entendían! (esa costumbre también se mantiene hasta hoy). En fin, el tema es que ambos se pusieron muy contentos, y el niño gordito también. Cuando me llevaron a la casa, me metieron en una cuna con otro niño gordito… ¡qué grande era! De noche, me empujaba y como era tan chiquita, no me podía defender. Un buen día, nos separaron. Me dio pena. Sobre todo porque la mamá de ese pequeño, mi tía Carmela, nos ponía medias todas las noches, y cuando me sacaron de allí, mi papá creía que sin medias estaba más fresquita… ¡por qué los adultos no entienden la psicología pueril! De tanto llorar, creo que lo entendieron… ensayo – error, que le llaman a eso. En la nueva casa, que estaba muuuuuuuuy lejos de la otra, tuve muchas experiencias que otro día te contaré porque ya voy creciendo y ya los niños gorditos van teniendo nombre y hasta mis papás creo que anunciado la llegada de otra bebé… mmmfff, mientras no me empuje, puedo compartir mi cuna con ella.

Papá, el niño gordito, mamá y yo con cara de molesta por tanta leche de soya

el otro niño gordito, con el que compartí cuna y medias, je

Una nueva temporada

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A lo largo de este tiempo que he estado lejos de mi madeinmajo, he recibido muchos mensajes de gente que, de alguna u otra manera, se ha identificado con las historias – pensamientos – suspiros existenciales de los posts. Es inusitado –al menos para mí- el éxito de Amores Tóxicos… ¿será que todos hemos pasado por alguno? A todos y cada uno, gracias. También a mis lectores anónimos. Pido disculpas por la ausencia; sé que, teóricamente, soy todo menos una blogger, sin embargo, esto tiene una explicación.

Hace un año, entré a trabajar a una empresa que brinda asesoría a instituciones educativas, en temas pedagógicos. Desde entonces, mi vida ha dado un giro de respetable consideración, sobre todo porque fui embarcada en el bus que, paradero a paradero, va llevando esperanza a la gente que siente y piensa que ya es hora de forjar su propio desarrollo.

Hablo del mundo -¡es un mundo!- de los proyectos sociales. En mi caso, de educación. Y más específicamente, Educación Inicial (3 – 5 años). No tengo la suerte de ser docente de profesión –aunque me dediqué 5 años a enseñarle Lengua Castellana a un grupo de chiquillos de primer año de universidad-, por lo cual mi labor está relacionada con organización, relación con las comunidades, gestiones varias y hasta negociaciones de regular calibre.

La zona de influencia de los proyectos en los cuales trabajo es Pisco -3 horas al sur de Lima, en la costa- y Echarate, el distrito más grande del Perú, ubicado en la ceja de selva del departamento de Cusco.

Esto –y algunas cosillas más- ha implicado mucho esfuerzo, algunos viajes, noches de desplomo en la cama y poco dedo para ponerme a escribir. No sé si deba decir “mea culpa”, pero al menos ya me limpié un poco (o al menos eso espero).

Como es de imaginarse, durante el tiempo que llevo en esto me han ocurrido 567 y poco más aventuras. Mi propósito, de aquí a unas semanas más, es irles contando en suculentas dosis algunas de ellas. Quizás, sin querer queriendo, logre comprobar aquello de que se sufre… ¡pero se goza!

Me matas

No sé qué se me ha dado pero ahora, casi el 80% de lo que escucho en mi auto son canciones de Luis Fonsi. Qué fresa, qué ignorancia musical… I am sorry. Ese hombre me cautivó y la fuerza, la pasión, la alegría y la pena con la que interpreta sus composiciones, derrota toda mi pretendida e inalcanzable alcurnia musical. Nuevamente, I am sorry.

Hay una canción que no tiene nada que ver con lo que voy a escribir, pero se me viene y me viene y me viene a la cabeza cuando pienso en ello. Se llama “Me matas”, y en la versión en concierto, comienza así (el comentario de Fonsi): “Qué malo es cuando te engañan, ¿no? Te miran a los ojos como si nada, pero te están engañando, y uno siente que se está muriendo por dentro”. Habla de la típica sacada de vuelta… aunque a mí me trae a la cabeza la sacada de vuelta que podemos hacernos nosotros mismos cuando ponemos el corazón en la mano.

Tú sabes que no te conviene. Él/ella no es la persona de tu vida. Porque es inseguro, porque es inestable, porque sabes que sufrirás innecesariamente… y sin embargo, ahí estás, a su lado, compartiendo tu alma con la suya. Solo te conformas con su presencia, con su sonrisa, con el eufemismo de que estás haciendo los méritos para que pronto sienta lo mismo que tú. Y no importa, no importan las razones…. pero sí importan. Porque cuando el show termine y se apaguen las luces, no será a ti a quien dará el beso de las buenas noches. ¿Y sabes por qué? Porque simplemente no te conviene, no es para ti, no lo pensó Dios como tu compañero/a. Y al no tener la valentía de aceptarlo, asumirlo, superarlo, te friegas la vida deseando tenerlo/a cerca siempre, engañándote, muriéndote por dentro de a pocos, porque sabes que “somos lo que fue, fuimos lo que ya no es”.

Puestas de este modo las cosas, lo más razonable es decir “next” y dejar que el show continúe. Tragándote o no tus lágrimas, simplemente dejar que continúe. Total, siempre, “show must go on”. Sin embargo, hay una herida no cerrada y uno siente que late, que arde, que está presente y que no hay cuándo se largue. Y vuelves al principio, al principio del dolor que tú solo te creaste cuando te sacaste la vuelta: a darte cuenta de que es mejor así, de que su alma maravillosa y la felicidad compartida fueron el castillo de arena que tú te fabricaste para darle consuelo a tu corazón apagado, triste, jodido. Y que lo tienes que exorcisar, sin ayuda, sola/o, porque ni tus amigos pueden intervenir. Así que tú, sola/o, irás pasando saliva, respirando y esperando a que pase. Todo se pasa, nada se muda, decía Santa Teresa de Jesús. Y hoy, cantando y repitiendo “se supone que es muy fácil repetir qué bien me va”, pues llegará el día de la calma, de la paz. La paz es producto de la guerra, y esta guerra la tienes que ganar, sin engaños ni entregas tóxicas para un corazón que está hecho solo para amar, a Dios, a los demás, y a esa persona especial que en Suzuki azul o Tico amarillo ya llega para matarte de verdad… pero a puñaladas de cariño y cinturones de sonrisas.

pd: me da mucha curiosidad pensar en todas las especulaciones que generará este post, en los comentarios subrepticios que harán aquellos que disfrutan descubriendo personajes de la vida real en mis historias, como si me apellidara Bayly. Provecho, les espera una larga sesión de chisme… porque no atinarán.

El Príncipe Sapo

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H tiene en su auto, colgando del espejo retrovisor, un pequeño sapo de peluche. Hace unos días, en una tertulia de chicas amenizada por el riquísimo -y potente- whisky sour de Patagonia, dejó muy en claro que ella no estaba dispuesta a conformarse con cualquier chico. No, no y no. Ella quería un príncipe, aunque fuera sapo.  

– Pero, H, estamos en tiempos de crisis… ¡y la crisis ha explotado incluso sobre la calidad de los hombres de hoy! Ya no podemos ser selectivas… chapa el que tiene menos yaya y quédate en paz…

Con su vaso en la mano y meneando la cabeza, H soltó un rollo que todas apuntamos, sigilosamente, en una servilleta de papel: “Nosotras, chicas, somos únicas e irrepetibles… yo soy única  e irrepetible, nadie hace las cosas tan bien como yo, ni tan mal como yo… por eso, merezco un hombre que me quiera según mi diginidad, no un cualquiera que aparezca por allí… como dice la canción, yo no me doy por vencidoooo (…)”. En ese momento, todas rompimos a reír. La solemnidad del discurso antropológico se quebró cuando el alcohol del whisky sour tiñó las cuerdas vocales de H… como fuera, la charla-canción nos persuadió y nos creó la interrogante acerca de lo que esperábamos de nuestro príncipe azul.

A decir verdad, me costó un poco traer el tema a mi imaginario actual. Hace poco más de un año, en Isla para dos, escribí acerca de las buenas vibras infundidas, en este sentido, por mi querido Toni. Pero mucha sangre ha corrido ya y llegó el momento en el que, querrámoslo o no, hay que madurar. “¿Príncipe azul? Eso no existe”, pasé  mucho tiempo repitiéndome. Hoy, luego de darle algunas vueltas al asunto, sigo pensando que no… que lo que realmente hay se llama “Príncipe Sapo”.

Consciente de las diferencias entre las millones de mujeres que viven en el mundo, creo que más o menos la mayoría tenemos las mismas expectativas respecto de nuestro príncipe azul

– Guapo

– Emprendedor

– Atento

– Galante

– Varonil

– Generoso

– Limpio

– Respetuoso

– Sacrificado

– Cariñoso

– Que nos levante cada mañana con un beso

– Que nos sorprenda en cada aniversario

– Que sea paciente cuando estamos de mal humor

– Que se levante en la madrugada a cambiar pañales

– Que valore nuestros sacrificios

– Que reconozca nuestro esfuerzo por darle todo a él y a nuestra familia…

(Mmm, creo que exageré, pero la idea es esa).

En cambio, ¿qué nos encontramos en la real life? (consulte la cartelera de cada mujer para comprobarlo):

– Hombres con belleza interna escondida detrás de la panza o de una barba mal afeitada.

– Flojones (es que están cansados, pues, trabajan mucho…)

– Se ha olvidado por completo la costumbre de abrir la puerta del auto a la chica… y cuando nos dejan en la casa, arrancan sin que una haya entrado.

– La galantería se ha reducido a pagar la cuenta mostrando la tarjeta más dorada posible (¡como si a una le importara a billetera, ja!)

– El hombre de ahora es generoso y entregado mientras ello no colisione con sus intereses propios (por ejemplo, su estómago, su trabajo, su MBA y sus noches de copas).

– Si envían rosas, lo hacen a través del msn, con un emoticon de risa tonta…

– Dejan la ilusión para los primeros días… luego, vuelven a su pantano habitual.

– ¿Aniversario? ¿Detalles? Cosa de mujeres…

– Si llaman durante el día, es para recordarnos que debemos lavar su camisa celeste de rayitas TOMMY para el día siguiente…

– Etc., etc.,… (la lista es interminable)

De este modo, comprobamos que es tarea titánica, odiseica, casi antiecológica, encontrar al hombre de nuestros sueños hoy en día. Sin embargo… ¿nos hemos pregutando por qué? Porque la vida sería demasiado aburrida, mustia, sosa, si nos encontramos cada mañana con un Ken a nuestro lado. Ken se creó para Barbie… ¿somos nosotras una Barbie? De ninguna manera, y gracias a Dios esto es así… gracias a Dios, como dice H, somos únicas e irrepetibles, y cada una, en su individualidad y exclusividad, tiene en el mundo no un príncipe azul sino un Príncipe Sapo, aquel hombre capaz de elegirnos por lo que somos, por el bien que le podemos hacer, por el amor con que nos puede corresponder.

En líneas generales, el Príncipe Sapo sería:

1. Aquel que nos valora por nuestra esencia. Ni por nuestro éxitos, ni por nuestros fracasos… porque somos lo que somos, y punto.  

2. Aquel que es capaz de hacernos sentir amadas según como cada una se siente amada: para alguna, que le regalen un plátano puede ser el acto menos significativo de la tierra… a otra, le puede arrancar una lágrima.

3. Aquel que, desde un comienzo, muestra coherencia en su actuar. Si es un tosco, un bruto o un Shrek, que lo sea siempre, pues así es como nos enamoramos de él.

Todo esto, por supuesto, tiene sus grises y sus matices. Por ejemplo, ¿qué papel jugamos nosotras aquí? El de la princesa que, con madurez, sabe separar lo esencial de lo accidental; comprende que los hombres no pueden atender dos cosas a la vez -por tanto, no exige atención como mimo-; respeta los espacios vitales de cada uno; corresponde al cariño del sapo con creces, siendo consciente de que tiene, como mujer, mayor capacidad de entrega…

Parece arduo, pero no lo es. Todo es cuestión de borrarse prejuicios, abrir la mente y “abrazar la vida, de verdad sentirla” (Luis Fonsi). Y para irlo invocando, comprar un sapo de peluche y colgarlo en el espejo retrovisor del auto (no sé si darle un besito para darle vida, pero nada se pierde intentando).

AQUÍ VA “YO NO ME DOY POR VENCIDO”… QUISE PEGAR EL VIDEO QUE CON MIS PROPIAS MANITOS GRABÉ, DEL CONCIERTO DE LUIS FONSI EN LIMA, PERO LA TECNOLOGÍA Y YO NO NOS LLEVAMOS BIEN…

Y ESTO ES, ABRAZAR LA VIDA (ESTA SÍ ES DEL CONCIERTO DE LIMA, POR ESO LA CALIDAD NO ES TAN BUENA:

Y ESTE ES EL GRUPETE DE LAS QUE FUIMOS A DEJAR LA LÁGRIMA EN EL CONCIERTO DE LUIS FONSI… JE…

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En un Champagne Supernova

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I don’t believe that anybody, feels the way I do, about you now…

Hacía tiempo que no sentía lo que era vivir un concierto multitudinario. Hacía tiempo que nadie me empujaba en ninguna cola para entrar a un evento… hacía tiempo que no llegaba a mi casa tan relajada, tan serena, tan catarseada. No fue una morning glory, pero sí la mejor oportunidad para volver a sentir la emoción del disturbio sin mirar back in anger.

La tarde en la oficina había sido feliz, pero tenía que quedarme hasta más de las 7pm para atender a unas corteses… 100 personas. Plop. Eso implicaba  no solo magnas dosis de paciencia, sino movimiento continuo y marcial para salir hecha un cohete en mi auto, con mi hermana pelo planchado, mi uniforme en una bolsa, la neblina al 200% y mi memory key con las canciones de Oasis en el bolsillo, a fin de ir calentando el ánimo durante el trayecto. ¡En guardia, vil y venenoso tráfico!

El camino por la Vía Expresa, que normalmente duraría 7 minutos, como máximo, se prolongó a una hora. En otras circunstancias, me hubiera dado de cabezazos contra el timón, pero los Gallagher me repetían sin parar don’t look back in anger, así que traté de respirar y disfrutarlo. Faltando pocos metros para la meta… me paró un policía. Gordo, mal humorado y sinuoso, se me acercó:

– Señorita, ¡¡¡retroceda y vuelva a su carril!!!

(era cierto, había invadido carril… pero fue sin querer queriendo)

– Jefecito, es que yo no sabía…

– ¡Ya cállese y múevase!

– Ya, pero un ratito…

Si no fuera porque las multas han subido de precio, le hubiera dicho que era un grasoso maleducado y sudoroso… que yo era una dama y no tenía derecho de hablarme así… sin embargo, me callé y fue lo mejor, pues a los pocos minutos me dejó seguir con total libertad.

Un milagro se produjo segundos después… ¡había un sitio libre para estacionar justo en la puerta del estadio! Oh, sospecha: ¿será que nadie se pone acá porque está prohibido… o porque me robarán hasta el basusero Case Logic de mi auto? Desecha, Majito, los malos pensamientos… ¡y cuádrate ya!, me dije. En ese instante, llegó mi amigo Ivo, a quien tenía la misión de acercar hasta su camioneta en el camino de vuelta.

– Majo, ¡hola! ¡¿TE VAS A CUADRAR AQUÍ?!

– Sí.

– Asu, qué barrio…

– Sí, cholito… voy a negociar que me lo cuiden, nomás, no te preocupes…

Y así, con mi dosis de confianza inyectada a la vena, caminamos hasta la puerta de entrada a Tribuna, el sitio más barato y el único que pude conseguir. Ivo sí se había aprovisionado con tiempo y tenía lugar en la zona Supersonic, ciertamente cerca del estrado, con lo cual nos dijimos adiós algunos metros más adelante.

La cola para Tribuna era no inmensa sino ¡kilométrica! Mi hermana, Lupita, me cogía el brazo para que nadie se nos colara, pero no avanzábamos. Como era una fila en forma de “u”, cuando la gente doblaba se formaban vacíos y tumultos y desorden… y perfectas oportunidades para robar sitio y adelantarnos. Por supuesto, no dudamos en hacerlo. Creemos en los valores del país pero era eso o entrar al concierto con media hora de retraso. Juntas, gritamos ¡Jerónimooo! y a por ello… con linchada o sin ella, ya estábamos cerca de la puerta.

Los metros hacia la entrada fueron otra aventura. El concierto ya había comenzado y todos entramos en desesperación. Vi a un grupo de policías relajados y no me callé.

– ¡Oigan, ustedes son policías, tienen que hacer algo para que esto avance!

– Señorita, es cuestión de la organización…

– ¡Están aquí por gusto, no hacen nada… miren cómo la gente se pelea!

Uno que no aguantó el achoramiento, vino a ponerse pico a pico conmigo y dijo:

– ¡Nosotros no estamos aquí para guardar tu cola, eso lo tienes que hacer tú!

– ¡Yo no le he pedido que guarde mi sitio, le estoy diciendo que tiene que poner orden porque la gente está desordenada y así no vamos a avanzar… mire lo que está ocurriendo allá!

Qué rico, qué relajante fue gritonear  a un policía y no terminar en una comisaría. Quizás porque él era joven, quizás porque me vio petisa… o quizás porque él también necesitaba liberar tensiones poniéndome en mi lugar. ¡Grande, jefecito! Lamentablemente, no pudimos llegar a las cachetadas porque había llegado el momento de correr. La puerta estaba cerca y DEBÍAMOS correr. Lupita, dame la mano. ¡Vamos! Ambas sentimos cómo el viento rompía contra nuestro rostro, fue increíble. Ella no podía más, porque estaba en balerinas. Finalmente, entramos… a miles de escalones rumbo a una tribuna que explotaba de gente, que olía horrible, que nos invitaba a un pequeño infierno. Qué miércoles… empujamos, empujamos y nos colocamos en un huequito.

La turbamulta seguía presionando desde atrás, faltaban entrar como dos mil personas y ya no había más espacio, aparentemente. Ante ello, Lupita se convirtió en señora ley y ¡vaya que lo hizo!

– María José, aquí me van a botar hasta abajo…

– Ponte firme.

– Te digo que me van a botar… oigan, qué *”!$%& les pasa, ¡acaso no tienen consciencia!

Un par de chicas, altas y gordas, fueron las segundas víctimas:

– ¿Por qué *”$%& me estás aplastando?

– No soy yo, es la gente de atrás.

– ¡Qué ·$%& les pasa a todos? ¡Ya deja de empujar, muévete que me vas a botar!

Todo esto, claro, mientras yo trataba de no morir rodando escaleras abajo y con harto orgullo de que mi hermanita fuera la que pusiera la cuota de histeria de la noche, ja…

Un chico, finalmente, nos hizo ver la luz. Se acercó a Lupita y le dijo:

–  ¿Por qué no te vas a otro lado? Además, tú te has colado…

Poseída, mi hermana respondió:

– ¿Y tú cómo $%&* sabes que me he colado! No me j…

Asustado, el pobre muchacho se convirtió en el gatito de Shrek y nos señaló un espacio libre, unos metros a la izquierda.

Listo. Nos había costado algunas groserías, pero el lugar no pudo ser mejor. La música se puso buena, perfecta para los oídos y la nostalgia de mis tiempos oyendo discos con Christian, el primer chico que me dijo que tenía ojos bonitos, en una galería de Jesús María.

Las canciones del nuevo disco no nos paralizaron el corazón, pero igual las disfrutamos. Sí nos volvimos locas con las clásicas “Wonderwall”, “Don’t look back in anger”, “Champagne Supernova”, “Supersonic”, etc. Nos extrañó -y nos llegó altamente- que la gente no saltara, no vibrara… ¡caray, era un concierto, era una buena banda, era una noche espectacular! Fuck them… bailamos, cantamos, gritamos y hasta se nos humedecieron los ojos cuando vimos a Liam Gallagher entonar  “how many special people change, how many lives are living strange… where were you while we were getting high?” (dicho sea de paso, ese muchacho y su hermano, aunque viejos, están tal como me lo recetó el doctor… ¡qué nivel!).

“Don’t look back in anger” fue especial. Noel la cantó como en conciertos anteriores (ya revisé youtube, ja), pero ese chico tiene un aura especial para ese tipo de romanticadas… “please don’t put your life in the hands of a rock n roll band, who’ll throw it all away”… cuando Liam se bajó del escenario, con el rostro impávido pero el cuerpo decidido, fue demasiado… desde mi humilde tribuna, casi lo toqué yo misma. No está en mi lista de amores subliminales de altar, pero su hombría de hombre me llamó a la contemplación.

Al terminar, no nos dieron un cachito extra… muy ingleses, solo se fueron. Empezaron en punto y terminaron en punto. No importaba. Ya estaba. Regias y relajadísimas volvimos al hogar, dejando a Ivo en el camino y cantando todos a coro: “And after all, you are my wonderwall!!!”. Contentas dormimos, contentas soñamos con que un empujón de tumulto, una carrera al viento y un par de buenos carajo también nos pueden regalar un poquito de felicidad… in a Champagne Supernova out in the sky.

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EN BREVE, VIDEO… CUESTA ESO DE SUBIRLO :S